lunes, 10 de abril de 2017

Las mejores parejas de la época dorada de Hollywood (II): Ginger Rogers y Fred Astaire, bailando nace el amor

En varias entregas, un listado de artistas imprescindibles del Hollywood dorado, que han sido protagonistas de esas comedias sofisticadas y deliciosas. Cada uno de estos intérpretes son únicos, pero hay tres características que les unen: la elegancia, el carisma y el ingenio. Empezamos en su día con William Powell y Myrna Loy, y hoy continuamos con Ginger Rogers y Fred Astaire.



FRED ASTAIRE Y GINGER ROGERS, REYES DE LA COMEDIA MUSICAL CLÁSICA 4cac1dc25448a4ef69b485b7bf420b2f

El mejor paradigma de la comedia romántico-musical. Siempre ha circulado el rumor de que en la vida real, Fred Astaire y Ginger Rogers se llevaban mal. Puede que algo de verdad si hubiera acerca de esa tirante relación. Astaire venía de actuar en teatros durante varios años en compañía de su hermana Adele, y pretendía debutar en la gran pantalla en solitario, el Estudio lo juntó con Rogers, y en principio, no le sentó demasiado bien. Esto unido a su vena perfeccionista o maniática, puede que diera lugar a encontronazos puntuales, por ejemplo el surgido con el vestido de plumas de avestruz que Ginger se empeñó en lucir en ''Sombrero de copa'' -al parecer, Fred se quejaba de que las plumas que iban cayendo se posaban sobre su traje y que le molestaban en la nariz-. Y aunque nunca se criticaron públicamente -demostrando una actitud elegante por ambas partes-, Astaire sí llegó a decir que Rogers deseaba ser la jefa en todo. Lo esencial, es que estas supuestas tensiones no se percibían en pantalla, sincronizándose a la perfección, formando un tándem artístico magnífico, lleno de química, clase y talento.

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Su exitosa asociación se extendió hasta en 10 películas -''La alegre divorciada'', ''Ritmo loco'', ''En alas de la danza'', ''Amanda'', ''Vuelve a mí'', ''Roberta'', ''Sombrero de copa '', ''Sigamos la flota'', ''Volando hacia Río de Janeiro'' y ''La historia de Irene Castle''-. La mayoría, historias sencillas que eran vehículos de lucimiento para que ellos dos, dieran rienda suelta a sus capacidades danzarinas, cantarinas e interpretativas. Dando generalmente prioridad a sorprendentes y hermosos bailes, más que a los guiones. Grandes figuras de la RKO, sus colaboraciones comenzaron con ''Volando hacia Río de Janeiro'' de 1933, en la cual únicamente comparten una escena de baile -eran secundarios en dicha película-, pero sorprendieron tanto al público y fue tal el éxito, que la productora les haría repetir en 9 ocasiones más. Disiparon las dudas de la RKO, especialmente en cuanto a Astaire -''No sabe cantar. No sabe actuar. Tiene entradas. Sabe bailar un poco''-. Se convirtieron en las mayores estrellas del musical clásico de Hollywood, a base de talento, esfuerzo y chispa. Sus películas siguen generalmente un esquema similar -números musicales tanto por separado como en conjunto, algún enredo y la eterna intención de Fred de (re) conquistar a Ginger-, no es tanto el argumento en sí, si no más bien la gozada que supone verlos juntos, llenan la pantalla de magia, como espectadores nos hacen soñar. Sus movimientos eran tan elegantes, precisos y veloces, que se generaba la fascinante sensación de que flotaban.

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Fred Astaire cimentó su carrera en el musical, rodeándose no solamente de Ginger Rogers, si no también de otras parejas competentes, como Cyd Charisse, Judy Garland, Jane Powell, Rita Hayword, Audrey Hepburn o Eleanor Powell. Sin embargo, Ginger diversificó más su trayectoria, haciendo comedias, dramas e incluso thrillers, demostró ser una actriz cómica y seria, excepcional -''Damas del teatro'', ''Aviso de tormenta'', ''Roxie Hart'', ''Mamá a la fuerza'', ''La muchacha de la Quinta Avenida'', ''Espejismo de amor'', ''El mayor y la menor''...-, llegando a ganar un Oscar en 1941 por ''Espejismo de amor''. En cuanto a registros interpretativos se refiere, está claro que Ginger es menos limitada que Fred -que suplía sus carencias actorales con carisma y haciendo gala de sus grandes cualidades para la danza-.  


CURIOSIDADES


En los años 30, cierto sector de la crítica menospreciaba a Ginger, catalogándola de ''mero complemento'' de Fred, hecho que supuestamente irritaba a la Rogers y parece ser que propició que la mítica actriz emprendiera su carrera en solitario, demostrando que era una intérprete versátil, capaz de resultar verosímil en cualquier género o registro. Diez años pasaron desde que se volvieron a reunir Ginger y Fred -desde 1939 a 1949- fue en ''Vuelve a mí'', su primera cinta en color. Ginger sustituyó a última hora a la inicialmente escogida Judy Garland -que ya había colaborado con Astaire previamente-. 

''La historia de Irene Castle'' fue un fracaso, fue la última película que rodaron antes de tomar caminos separados durante una década. Fred y Ginger eran las estrellas más rentables de la RKO, pero este filme dramático no funcionó. Seguramente debido a que el público de la época estaba acostumbrado a verlos en cintas más ligeras, de tono menos grave.

Fred Astaire fue candidato al Oscar solamente en una ocasión -y curiosamente por una película no perteneciente al género musical- como Mejor actor secundario con la conocidísima cinta de catástrofes ''El coloso en llamas'', que contaba con un reparto de relumbrón, encabezado por los estupendos Paul Newman y Steve McQueen. Caso similar al de Cary Grant, que fue un rostro imprescindible de la mejor comedia de antaño y que sólo fue nominado en dos ocasiones al premio de la Academia y por dos dramas -''Serenata nostálgica'' y ''Un corazón en peligro''-.

Edgar Neville, alta comedia a la española




Descubrí a Edgar Neville gracias a esa estupenda herramienta de difusión del cine español que es el espacio de La 2 ''Historia de nuestro cine''. Empecé con ''La vida en un hilo'' y ya no pude parar de visionar su cinematografía, uno de los cineastas más estimulantes que te puedes encontrar. Eso es lo que siempre debería de ser la televisión pública, un medio al alcance de todos para culturizarnos en diversas materias, incluida la asignatura Séptimo Arte.

Edgar Neville posee algunas de las virtudes que hicieron grandes a directores de la alta comedia americana -como Frank Capra, Preston Sturges, Ernst Lubitsch, Leo McCarey o George Cukor- : personalidad, ingenio y elegancia. Probablemente es el homólogo español de alguno de ellos o del francés Jean Renoir a quien también le une algunas similitudes evidentes -ambos comparten el amor por las clases más humildes y por el retrato humano en el que prima la camaradería y la solidaridad, el sentido del humor que suele impregnar sus obras o algunas situaciones con un espíritu similar-, su cine es anómalo dentro del celuloide de aquella época y en términos generales. Humor fino e inteligente que suele interesar más a los cinéfilos VS. humor de trazo grueso que suele fidelizar más a la masa -especialmente al público actual-. Quizá sea un tópico decir que la comedia clásica fue la mejor, pero no deja de ser cierto. En la actualidad, no se quiere correr riesgos y se recurre en muchas ocasiones a un tipo de humor simplón o tontorrón.



Neville fue un autor insobornable y de independencia creativa muy notoria. A contracorriente de un cine cómico más tópico o demasiado españolizado, y también coqueteando con gran acierto en otros géneros, como el fantástico o el noir. Muchas de sus películas se consideran imprescindibles dentro de nuestro cine -''El baile'', ''Domingo de carnaval'', la pionera dentro del fantástico que con los años se convertiría en cinta de culto ''La torre de los siete jorobados'', ''El último caballo'', ''La vida en un hilo'' o ''El crimen de la calle Bordadores''-. En definitiva, un renovador de nuestro cinematógrafo que apostó por un cine refinado y audaz, con hechuras más universales. Demostrando una admirable solidez y frescura en los guiones, y dotando a sus personajes de matices y autenticidad. Curiosamente a pesar de su confesado recelo hacia la técnica cinematográfica, sus filmes están plagados de momentos plásticos muy logrados, Neville domina el primer plano, los movimientos de cámara, el fuera de campo o se mueve cómodamente en ambientes expresionistas, se atreve a coquetear con el surrealismo o no reniega a aproximarse a la estética de documental. Fue el abanderado del sainete, un género cómico considerado trasnochado y menor hasta que él lo revitalizó en muchos de sus filmes.


Durante su estancia en Estados Unidos, primero como diplomático y posteriormente como guionista, Neville fraguó una amistad con Chaplin, como consecuencia de esta camaradería, el maestro británico le invitaría a actuar en la mítica ''Luces de la ciudad'' en un pequeño papel.    



Artista multidisciplinar -director, guionista, dramaturgo, pintor, productor y escritor- y amigo de Charles Chaplin durante su andadura profesional en USA trabajando para la Metro Goldwyn Mayer como dialoguista y guionista -puesto que en aquella época se rodaban versiones en español de producciones estadounidenses destinadas al mundo hispano-. En Hollywood se siente plenamente feliz y mantiene una actividad frenética. Una vez que ya se asienta en la meca del cine, comienza a introducir en el mundillo hollywoodiense a muchos de sus amigos españoles, como Luis Buñuel, José López Rubio, Eduardo Ugarte o Enrique Jardiel Poncela. Desarrolló su carrera de cineasta entre los años 40 y 50, después daría el salto a la realización televisiva dirigiendo algunos Estudios 1. Su valiosa trayectoria ha quedado ensombrecida durante muchos años, principalmente porque su estilo era muy distinto al que más aceptación tenía entre el público de la época -durante los años 40, la mayoría de películas eran de folclóricas o épicas exaltando al régimen franquista- y coetáneos suyos como José Luis Saénz de Heredia, Rafael Gil o Juan de Orduña realizaban cine más comercial en consonancia con los gustos imperantes de esa sociedad española. Y Neville -pese a los rasgos castizos de muchas de sus obras- estaba más en sintonía con el humor sofisticado y ácido de la época dorada de Hollywood.  



Curiosidades

Edgar Neville y Jean Renoir comparten una secuencia prácticamente idéntica en dos de sus títulos, ''La ironía del dinero'' y ''Elena y los hombres'' respectivamente.

La elegante y personalísima actriz Conchita Montes fue su musa más destacada y pareja sentimental de largo recorrido -comenzaron su relación en 1939 cuando Conchita fue contratada como guionista para la cinta ''Frente de Madrid'' y de manera fortuita, debutaría como intérprete en esa misma película, estarían juntos hasta el fallecimiento de Neville en 1967-. Ambos eran personas cultivadas y de clase acomodada.

''Los intrusos'' (The Uninvited) Lewis Allen, 1944

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THE UNINVITED, from left, Alan Napier, Ray Milland, Gail Russell, Ruth Hussey, 1944.


Un productor debe hacer una película aterradora de bajo presupuesto titulada “La maldición de los hombres pantera”. En una reunión con su director, se da cuenta que los disfraces de los monstruos son absolutamente ridículos, pues no resultan mínimamente creíbles. Entre los dos urden un truco que les sacará del apuro: el público jamás verá a los “hombres pantera”. En lugar de ello mostrarán una sombra, la cara aterrada de una mujer gritando, una cortinas desgarradas por unas garras feroces... El resultado es todo un éxito de público, hasta tal punto que deberán hacer una secuela.
Como cualquier amante del cine clásico sabrá, esta secuencia pertenecía a la excelente “Cautivos del mal”, y era todo un homenaje a las cintas clásicas de terror de Val Lewton, películas hechas con cuatro duros, que conseguían inquietar al espectador con trucos sencillos y eficaces, pues el miedo proviene muchas veces de las cosas más simples: un susurro casi imperceptible, una vela que se apaga, pasos que resuenan al final de un oscuro pasillo... El buen cine de terror sugiere más que muestra, insinúa más que enseña.
Un excelente ejemplo de todo ello es “Los intrusos” (“The uninvited”, Lewis Allen, 1944), una de las primeras películas de género fantasmal que fue financiada por un gran estudio. Paramount acertó al apostar por esta historia gótica e inquietante. Adaptación de una novela titulada “Uneasy Freehold”, cuenta una historia que hoy se podría considerar típica, casi inofensiva, pero que contiene momentos de gran cine. El debutante Allen se apoya en un competente guion, obra de Dodie Smith y Frank Partos, que sale de los claustrofóbicos muros de la mansión Winwood, escenario único del drama en la novela de Dorothy Macardle, para hacernos pasear por las luminosas calles de Devonshire, e introducir toques de un humor ligero y desenfadado, algo bastante inusual en una producción de este género.
Pamela y Roderick (Ruth Hussey y Ray Milland), dos hermanos londinenses de vacaciones en la campiña inglesa, se topan con una hermosa casa abandonada en los riscos de Devonshire. El lugar, aunque abandonado, conserva intacta parte de su antigua y misteriosa belleza, y ambos se enamoran del lugar, hasta tal punto que averiguan quién es su propietario y se lanzan en su búsqueda a comprar el inmueble. El dueño (el siempre eficaz Donald Crisp), un noble anciano de modos hoscos y algo enigmático, accede a vender su antiguo hogar, no sin antes advertirles que no devolverá el dinero por mucho que se lo imploren. Entonces aparece en escena su nieta (Gail Russell), la sombría Stella, una joven que vive de los recuerdos, añorando a su madre, fallecida cuando ella sólo era una niña, en la casa que su abuelo acaba de vender a unos extraños. Todos se verán envueltos en una intriga sobrenatural que hará peligrar la vida de uno de ellos y les hará cuestionarse sus más profundas convicciones.
Apariciones fantasmales, posesiones, visitas de ultratumba, animales asustadizos, gritos en la noche, pasos invisibles, puertas que se cierran solas, todo ello conforma el cóctel sobrenatural que da forma a esta interesante película clásica.
 
Lo más curioso es que los dos hermanos protagonistas son una pareja bastante atípica en este tipo de producciones, pues, en lugar de espantarse y escapar de los peligros, los afrontan con brío y espíritu aventurero, deductivo y lógico, lo que en mi opinión, es un aspecto muy original poco visto en este tipo de historias sombrías. Tal vez sea una actitud más realista que la que tienen los intérpretes de otros dramas aterradores, que huyen despavoridos ante la más mínima sospecha fantasmal.
Los actores están perfectos en sus papeles. Tal vez el único que desentona un poco es Ray Milland, un actor de indudable talento, que aquí parece no tomarse muy en serio sus desventuras fantasmales, aunque sospecho que su personaje fue concebido como un aventurero simpático, puede que para aligerar un poco el tono de la historia, de ahí el tono desenfadado con el que casi siempre le vemos actuar. Pensemos que entonces el público no estaba muy acostumbrado a pasar miedo, con lo que es casi comprensible que Paramount quisiera introducir elementos que aligeraran un poco una trama plagada de momentos inquietantes.
Tanto Ruth Hussey, como la desventurada Gail Russell hacen un estupendo trabajo. Mención destacada merece el gran Donald Crisp, uno de esos secundarios imprescindibles que tantos momentos de gloria han dado al cine clásico norteamericano, un tipo capaz de salir airoso de cualquier papel que se le encomendara.
 
El terror de “Los intrusos” es elegante y sutil, alejado de truculentos efectismos. Sugiere más que muestra, como debe hacer una buena historia fantasmal. Allen compone los planos del filme con elegancia y estilo, apoyándose en la sensacional fotografía en blanco y negro de Charles Lang, que fue justamente nominado al Oscar por esta película, para crear tensión, intriga y suspense, sin que nunca decaiga el interés del espectador. Mérito suyo es hacernos sentir de veras el escalofrío invisible que provocan unos gritos desesperados que resuenan en la casa de madrugada, que nos inquiete el titilar de la débil llama de las velas, que nos sobresalte una fugaz sombra que pasa por delante de una desvencijada puerta...
Hoy en día puede parecer un título naíf, casi inofensivo, pero su calidad y su más que correcta factura formal son innegables. Directores como Guillermo del Toro citan “Los intrusos” como referencia ineludible y clave del cine fantasmal.
Tal vez a los cinéfilos del siglo XXI la mansión Winwood no nos ponga los pelos de punta, pues estamos curados de espantos, pero hay en su misterioso interior algo mágico, extraño, atrayente, porque al ser humano siempre le atraerán las historias oscuras y misteriosas con un toque sobrenatural. 
 
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miércoles, 6 de julio de 2016

Greer Garson, portentosa actriz del melodrama clásico de Hollywood

6aa84c702566246a1debd7cbbce3d0e5 Esta pelirroja británico-irlandesa tuvo buena estrella desde el principio de su carrera en el cine. Eileen Evelyn Greer Garson fue una jovencita madura y de buenos modales, que previamente se sacó una carrera universitaria, estudió en Francia y trabajó en una oficina de Londres para después probar suerte en los escenarios británicos -llegaría a trabajar incluso junto a Laurence Olivier y a conocer George Bernard Shaw-, el público y la crítica comenzaban a estar interesados en la incipiente intérprete, y fue en este medio, cuando el jefazo de la MGM Louis B. Mayer, quedó encandilado con su talento tras verla representar una obra titulada ''Old Music''. Le ofreció un contrato por un año. Sin tener una amplia experiencia interpretativa detrás, el buen olfato de Mayer la catapultó a la que es considerada -en aquellos tiempos, con más justicia- la meca del cine. Durante ese año de contrato -1937-1938- la Metro no sabía que hacer con ella, solamente le ofrecía papeles insípidos que no estaban a la altura de su talento y que Greer rechazaba porque Louis B. Mayer le había prometido un gran papel que parecía que nunca terminaba de llegar. Garson terminó perdiendo la esperanza de conseguir una carrera cinematográfica, hasta que Myrna Loy dejó temporalmente la MGM y su salida dejó detrás una vacante en una película, se trataba de ''Adiós, Mr. Chips''. El Estudio le ofreció el papel, pero Greer no estaba demasiado ilusionada con el personaje, porque consideraba que tenía poco tiempo en pantalla y lo veía secundario. Un amigo la convenció de la calidad de este papel. Por tanto, su salto de actriz teatral a promesa cinematográfica fue fulgurante, en no mucho tiempo se convertiría en una de las reinas de la Metro y en una de las favoritas de Mayer. ''Adiós, Mr. Chips'' le abrió las puertas de Hollywood -pese a la poca confianza inicial que Garson tenía en este papel, al considerarlo demasiado secundario como para destacar realmente-, siendo nominada a su primer Oscar. En realidad, no podría haber debutado de mejor manera, Garson eleva este largometraje con su talento, candor y belleza. Acto seguido, su personaje protagonista en ''Más fuerte que el orgullo'' -una adaptación de la famosa novela de Jane Austen, ''Orgullo y prejuicio''- confirmaría su estatus de estrella a tener en cuenta y propiciaría que la Metro la uniese en la gran pantalla, con el excelente actor Walter Pidgeon en su primera colaboración conjunta -y para mí, la mejor- ''De corazón a corazón''. Terminaría desplazando a Norma Shearer en la Metro -y también a Joan Crawford-, especialmente a raíz de que rechazara protagonizar ''La señora Miniver'' por no querer interpretar a la madre de un hijo ya crecidito, Garson brillaría como casi siempre, y se llevaría un premio de la Academia a la Mejor actriz. El joven intérprete que interpretó a su vástago se convertiría en su segundo marido. Se comenta que su discurso de aceptación duró más de cinco minutos, hecho que motivó que la Academia limitara el tiempo para agradecimientos de los premiados.

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Fue una actriz prestigiosa y popular, especialmente durante los años 40, llegando a estar nominada en siete ocasiones a los Oscar. Si por algo destaca su carrera es por sus participaciones en grandes melodramas de la época dorada de Hollywood. Solía interpretar a mujeres valientes y sentimentales. Fue una excepcional dama en este género, para mí, totalmente a la altura interpretativa de otras actrices calificadas -con justicia- como reinas del melodrama, como eran Bette Davis y Joan Crawford, a pesar de que Garson por sus facciones se caracterizara por dar vida en pantalla a mujeres más bondadosas -Davis y Crawford solían interpretar personajes femeninos más pérfidos-. Greer Garson poseía una elegancia innata, transmitía calidez, y a pesar de su formación teatral no había en ella el mayor atisbo de artificio, resultaba tremendamente natural en pantalla. Conocerla, es quererla. Al final de su carrera cinematográfica, retornó al teatro e incursionó en la televisión. Estaba algo hastiada del perfil de papeles que le tocó interpretar en el cine -en su mayoría, personajes femeninos íntegros y con pocas aristas y en cintas dramáticas-, y pretendía dar un giro interpretativo con ''Tía y mamá'' en los escenarios -papel al que también dio vida Rosalind Russell tanto en las tablas como en la gran pantalla-. En los años 80, cerraría su etapa profesional con una aparición en un episodio de la mítica serie ''Vacaciones en el mar''. Greer Garson representó en pantalla una imagen impoluta de la mujer. Generalmente, personajes femeninos bondadosos, carentes de malicia o picardía. Es una lástima, que no se hubiese explotado más su vena malévola o cómica. Garson me parece una actriz tan dotada actoralmente, que se le debería haber dado más oportunidades de abarcar otros registros. En las pocas ocasiones que intentó hacer algo diferente, el público de la época no respondía bien en la taquilla. Siempre anheló abrazar más la comedia, por ejemplo. Bette Davis, Joan Crawford y Barbara Stanwyck, otras grandes señoras del drama clásico, demostraron ser más versátiles. A los productores les costaba verla en personajes oscuros, y ella prefería rodar películas agradables.


Greer Garson y Walter Pidgeon, un equipo memorable

''Hicé ocho películas con Greer Garson y nunca hubo una mala palabra entre nosotros.'' Walter Pidgeon. tumblr_mcii7ajjFb1qbewogo1_500 Una de las películas más sobresalientes del tándem Garson-Pidgeon, la magnífica ''De corazón a corazón''.  

La trayectoria cinematográfica de Greer Garson está permanentemente asociada a la figura del estupendo actor Walter Pidgeon -presencia elegante y carismática como ella-. Trabajarían en ocho ocasiones juntos, en su mayoría cintas de corte romántico. En mi opinión, una de las mejores parejas que ha dado el cine clásico de Hollywood, dos grandes intérpretes -rebosantes de encanto- en perfecta sintonía. En sus filmes solían interpretar a parejas casadas. Eran la viva imagen del amor duradero. Dieron grandes beneficios a la Metro, siendo una de las parejas cinematográficas más taquilleras de la época. Más allá de la pantalla, fueron grandes amigos. Greer y Walter se tenían bastante confianza antes de trabajar juntos, ya que habían sido vecinos y coincidieron en varios screen tests para la Metro.
 

Curiosidades
  • Garson no quería participar en ''La señora Miniver'' pero el director William Wyler y el productor Louis B. Mayer la convencieron.
  • El rodaje más caótico de su trayectoria fue el de ''Desire me'', que acumuló múltiples problemas: el guión estaba constantemente revisándose y reescribiéndose, Robert Mitchum estaba enfadado por tener un papel secundario y por compartir pantalla con una actriz tan buena como Garson y para colmo no se entendía con el primer director asignado George Cukor, por su parte Greer Garson se vio arrastrada por el mar y casi se ahoga y terminó separándose de su segundo marido, y se despidió a Cukor y contrataron a otros tres -Jack Conway, Mervyn LeRoy y Victor Saville- que también fueron despedidos. En fin, un desastre...
  • Greer Garson fue desde siempre una gran aficionada al cine. En los años 20 disfrutaba de ir asiduamente a las salas de cine. Uno de sus actores favoritos era su compatriota el estupendo Ronald Colman, así que debió de ser un sueño hecho realidad para ella, filmar con él, dos décadas después una de sus mejores películas, el drama romántico ''Niebla en el pasado''. Colman disfrutó también mucho de esa experiencia, y Greer solía señalarla como su película favorita de entre las suyas.
  • Siempre deseó interpretar papeles cómicos, y su deseo solamente se vio cumplido con la screwball comedy ''Julia se porta mal'', y posteriormente, en el teatro con ''Tía y mamá''. Como le ocurrió a otras grandes estrellas, era más frecuente verla protagonizando papeles dramáticos con un perfil similar. Los Estudios cuando comprueban que un intérprete les funciona mejor de cara a la taquilla en un determinado perfil, probablemente suelen forzar su encasillamiento con la intención de seguir manteniendo grandes beneficios económicos.
  • Fue gran amiga de otra actriz maravillosa Rosalind Russell, que recomendó a Greer como su sustituta para la obra teatral cómica, ''Tía y mamá''.

sábado, 18 de junio de 2016

Anatole Litvak, infravalorado y estupendo cineasta del Hollywood clásico

Parece que existe una cierta tendencia a penalizar o menospreciar la versatilidad en un director, como si esa virtud estuviera automáticamente ligada a ser un realizador impersonal, y no siempre es así. El maestro William Wyler, era habitualmente infravalorado por la aparente facilidad que tenía para manejarse en cualquier género con mucha solvencia. Al margen de rasgos autorales o no, un cineasta -en mi opinión- demuestra verdaderamente su grandeza cuando no se limita a un género en concreto, si no que se arriesga adentrándose en terrenos inexplorados en su carrera, géneros que todavía no ha tocado. Ese es el perfil de director que más me suele interesar. William Wyler, Raoul Walsh, Robert Wise, Howard Hawks o Anatole Litvak, son de esa clase de directores osados que son necesarios en el séptimo arte. También es cierto, que en el Hollywood clásico era más común que los directores hicieran varios géneros, pero no deja de tener mérito, que un realizador destaque con nota en cualquier tipo de película. Uno de los aspectos que más valoro de un cineasta, es la capacidad de moverse entre géneros con soltura y siempre acertar. Anatole Litvak fue uno de estos estupendos directores que poseía la habilidad de ser competente en cualquier género, y demostraba también, una excelente mano dirigiendo a sus intérpretes. De origen ucraniano, desarrolló su carrera entre Europa y Estados Unidos, filmando en varios países y en distintos idiomas. Escribe, dirige y produce sus filmes.

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Estuvo casado con la gran actriz Miriam Hopkins -una de las enemigas íntimas de Bette Davis-, se comenta que fue uno de los motivos del enfrentamiento de Bette y su esposa. Supuestamente Bette llegó a ser amante del realizador cuando éste estaba aún unido sentimentalmente a Miriam. Trabajaron juntas en más de una ocasión, y nunca se soportaron. Litvak trató de conquistar a la también actriz Paulette Goddard, la prensa americana de la época se escandalizó excesivamente debido a un supuesto incidente sexual entre los dos dentro de un famoso restaurante. El revuelo generado alrededor de este hecho, propició que Anatole se decidiera a combatir en la Segunda Guerra Mundial tras nacionalizarse norteamericano. Además, colaboró en películas de propaganda bélica junto a Frank Capra. CiHfUypWMAAk3EK.jpg large En un descanso del rodaje de la magnífica ''El cielo y tú'', protagonizada por una de sus presuntas amantes, la excepcional Bette Davis.  


Comienza su carrera en los Estudios Nordkino de Leningrado en 1923, dos años después se traslada a Alemania y empieza a dirigir para la UFA en 1930. Fue montador del gran director Georg Wilhelm Pabst. Con la llegada del cine sonoro, debido a su gran dominio de idiomas, dirige para los estudios UFA tres flojas producciones en tres versiones distintas -la francesa, la alemana y la inglesa-, ya que en aquella época el doblaje en este país aún no existía. Con el ascenso al poder de los nazis, Litvak huye a Francia, donde consigue un gran éxito con Sueños de príncipe, protagonizada por Charles Boyer y Danielle Darrieux. Pero verdaderamente, Litvak da el campanazo con Mayerling, que atrae la atención de un Hollywood siempre ávido de talento extranjero.

CjUdmKqVAAAJlrx Anatole Litvak junto a Vivien Leigh en el rodaje de ''The Deep blue sea''.  


Después del éxito internacional que supuso su película de producción francesa Mayerling, Litvak es fichado por la Warner y viaja a USA en 1937. Desde el principio, se forja una reputación de director con un talento especial para el melodrama -aunque transitara muy dignamente por otros géneros, como el noir, la comedia o el cine bélico, por ejemplo-, la industria cinematográfica norteamericana comenzó a valorarlo de verdad a raíz de dirigir de manera magnífica una de sus mejores películas, ''Nido de víboras'' -protagonizada por una habitualmente maravillosa Olivia de Havilland-, filme que supondría su primera y única nominación al Oscar como Mejor director -aunque en 1952, su cinta ''Decisión al amanecer'' fuese candidata a Mejor película-. Los años 30 y 40 especialmente fueron la cima de su trayectoria, dirigiendo de manera sobria y muy efectiva muchas de las películas más destacables de su cine -Voces de muerte, El cielo y tú, Nido de víboras, Ciudad de conquista, Años sin días, Confesiones de un espía nazi, Tovarich o El sorprendente Dr. Clitterhouse-. En los años 50, Anatole Litvak retornó a la vieja Europa, y desde esa década, rodaría a caballo entre ese continente y Hollywood. Fallecería en Francia en 1974.

Una de sus películas más apreciables de los años 60, ''No me digas adiós''. Una de sus películas más apreciables de los años 60, ''No me digas adiós''.


Anatole Litvak era muy valorado por los críticos y por sus compañeros de profesión -el genial Billy Wilder se encontraba entre sus admiradores, por ejemplo-, pero no ha gozado del reconocimiento que ampliamente merece por parte del público cinéfilo. Seguramente porque es un director con un estilo sobrio y sin un sello muy distintivo, pero sin duda, es un realizador de sobrada valía y más que estimable polivalencia, que cuenta con varias joyas en su carrera. Uno de esos grandes desconocidos que merece mucho la pena conocer, y que yo descubrí gracias a un gran amante del cine clásico, como es mi amigo Javi Leiva. Si te entusiasma el melodrama y el buen hacer cinematográfico en general, es un cineasta que debes disfrutar.

viernes, 17 de junio de 2016

Robert Montgomery, carismático, polivalente y elegante

''Si tienes la suerte suficiente de tener un éxito, disfruta del aplauso y la adulación del público. Pero nunca, nunca te lo creas''. Robert Montgomery. tumblr_o7jveypRGi1qazanuo1_1280 La maravillosa Bette Davis definió a Robert Montgomery como la versión masculina de una de sus enemigas íntimas, la fantástica Miriam Hopkins. Ya no sólo por su evidente talento, si no por su capacidad para ser un roba escenas. Montgomery fue magnético en pantalla, una vez que entraba en una secuencia, difícilmente se podía apartar la mirada de él -no solamente por su agradable aspecto físico, si no especialmente, por su poderosa presencia escénica-. Poseía una vis cómica deliciosa y un carisma desbordante. Aunque destacó sobre todo en papeles cómicos, era un intérprete polivalente que también era capaz de bordar personajes dramáticos -''Al caer la noche'' es uno de los ejemplos más representativos, dentro de ese mismo personaje es admirable su dualidad, pasando de ser un tipo afable a alguien totalmente repulsivo-. Robert Montgomery es uno de mis últimos descubrimientos interpretativos, me conquistó desde el principio -algo no demasiado frecuente en mí, cinéfila exigente desde siempre-.

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''Matrimonio original'', una de las pocas comedias que rodó Hitchcock.


Robert Montgomery perdió a su padre a edad temprana y también su seguridad económica previa, lo que hizo que intentara ganarse la vida como podía -en multitud de trabajos, principalmente como actor teatral y escritor-. Fue descubierto por el gran George Cukor en el teatro, que le aconsejó que no dejara la interpretación. En 1929, la Metro lo fichó -productora que tenía entre sus filas a muchas de las grandes estrellas del Hollywood clásico- y pronto lo juntó con la reina de la MGM en aquellos días, Norma Shearer. Hicieron varios largometrajes juntos, entre ellos, ''La divorciada'' o ''Besos al pasar''. A finales de los años 30, consiguió un notable éxito con ''Al caer la noche'', un giro sorprendente en su trayectoria, en el cual dejaba de lado sus personajes encantadores para encarnar a un asesino. En 1940 continuaría la racha de éxito, con una cinta que fue muy popular en su época, la excelente comedia de fantasía ''El difunto protesta'' -que conocería dos remakes posteriores-. Sería nominado al Oscar como Mejor actor por estas dos últimas películas.

tumblr_o7j82iJB6M1qjbq6yo1_1280 La ópera prima de Robert Montgomery como director, ''La dama del lago''.

Montgomery fue uno de los mejores intérpretes de los años 30 y 40, y tristemente con el paso del tiempo no tan valorado como merece. Trabajó con muchas de las mayores estrellas del Hollywood dorado: Norma Shearer, Rosalind Russell, Carole Lombard, Joan Crawford, Irene Dunne, Bette Davis, Ingrid Bergman... Solía interpretar papeles de tipos agradables y carismáticos, en comedias principalmente. Su aire distinguido lo hacía idóneo para el perfil de protagonista sofisticado. Era un actor magnífico que raramente desentonaba. Su mirada intensa y su sobriedad interpretativa -aún en papeles que se prestan al exceso-, son dos de sus rasgos más distintivos como actor.

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Robert Montgomery y Bette Davis en ''Novia de Junio''.


La imagen de Robert Montgomery cambió a raíz de viajar a Europa para combatir en la Segunda Guerra Mundial, endureciéndose sus facciones considerablemente. Después de este acontecimiento importante en su vida, regresaría al cine con la ambición de ser cineasta. La primera oportunidad que tuvo de demostrar su valía detrás de las cámaras, fue cuando John Ford cayó enfermo en el rodaje de ''No eran imprescindibles'' -filme donde Robert Montgomery era uno de los protagonistas- y él le sustituyó como director durante unos días, su labor no fue acreditada. El Estudio quedó satisfecho con su desempeño, y confió en Montgomery que debutó poco después, en una adaptación de una novela negra escrita por uno de los grandes del género Raymond Chandler, sobre el famoso detective Phillip Marlowe, ''La dama del lago''. La película fue pionera en el uso de la cámara subjectiva, siendo filmada enteramente bajo esa perspectiva, el público sólo contemplaba a Marlowe -Montgomery- a través de espejos. La Metro no quedaría muy conforme con el resultado y las críticas serían mixtas, y Robert no tardaría en abandonar esta productora, poniendo fin a una relación profesional de dos décadas, con el propósito de convertirse en director independiente, llegaría a rodar cuatro películas más en su faceta de director. A finales de su carrera, Robert Montgomery dedicaría su tiempo al teatro y a la televisión -en TV tuvo en emisión durante ocho años el popular show ''Robert Montgomery presenta'' en el cual debutaría su hija también actriz, Elizabeth Montgomery, y en el teatro, ganaría un Tony por la dirección de ''Horas desesperadas'' en 1955-.

tumblr_o0qll2Mh8t1sotg28o1_500 ''The Last of Mrs. Cheyney'', Robert junto a William Powell y Joan Crawford.


Curiosidades
  • Era activo políticamente, supuestamente de ideología republicana -conservador-. Sirvió al Comité de Actividades Anti-Americanas como testigo para ayudarles a luchar contra el comunismo, en la era de la caza de brujas del senador McCarthy. Posteriormente, ejerció de asesor de prensa para el presidente Eisenhower.
  • En 1935, sería nombrado presidente del Screen Actors Guild. En 1946 sería reelegido.
  • En 1948, presentaría una edición de los premios Oscar.
  • Tuvo tres hijos, el primero murió de meningitis cuando tenía catorce meses en 1930, la segunda fue Elizabeth Montgomery que se haría famosa al interpretar a la bruja Samantha de la serie ''Embrujada'' y el último, Robert Montgomery Jr. Los tres fallecerían de la misma enfermedad, el cáncer.
  • Protagonizó junto a Carole Lombard una de las pocas comedias que filmó el maestro del suspense Alfred Hitchcock, ''Matrimonio original''.
  • El director favorito con el que trabajó, según sus propias palabras fue John Ford, al cual, lógicamente, calificó de ''genio''.
  • Con su amigo James Cagney formó una productora, Cagney-Montgomery Productions.
  • Norma Shearer lo escogió personalmente como su pareja cinematográfica.
  • Además de actor y director, fue presentador y productor de televisión.

martes, 7 de junio de 2016

John M. Stahl, grande del melodrama y precursor de Douglas Sirk

CgHTM2QWQAEwZkH Gene Tierney fue nominada al Oscar como Mejor actriz por su trabajo en ''Que el cielo la juzgue''.  


John M. Stahl es un magnífico realizador especializado en melodramas, que vivió en cierta manera a la sombra de la fama de Douglas Sirk, este hecho y que muchas de sus películas sean difíciles de conseguir -su etapa silente está prácticamente desaparecida, por ejemplo-, contribuyen a que su trayectoria no sea demasiado conocida y por tanto, no lo suficientemente valorada. Stahl dirigió tres cintas -Magnificent Obsession, When Tomorrow Comes e Imitation of Life- que posteriormente Sirk versionó en los años 50 llevándolas a su terreno, con un estilo estético más florido y con un enfoque distinto de la historia. John M. Stahl se caracterizó por un estilo más naturalista y sobrio en sus propuestas cinematográficas. Aunque Sirk es más reconocible por el público cinéfilo, Stahl es un cineasta que, con sus altos y sus bajos artísticos, es también muy recomendable. En definitiva, dos maestros del Hollywood dorado.

CVZZnUUXIAAiyZ- John M. Stahl junto a Gene Tierney en un descanso del rodaje de la obra maestra del melodrama noir, ''Que el cielo la juzgue''.  


John M. Stahl aunque siempre mantuvo que era originario de Nueva York, se ha demostrado que tenía origen europeo y que pertenecía a una familia judía -se asegura que nació en Bakú, actual Azerbaiyán-. Abandonó sus estudios de Derecho e hizo sus primeros pinitos artísticos como actor teatral en vodeviles y compañías dramáticas. Trabajó para tres de las más grandes productoras de Hollywood: Metro Goldwyn Mayer, Universal Pictures y la Fox. En la naciente MGM de aquella época, dirigió 24 largometrajes mudos -entre ellos, algunos melodramas, género que marcaría fuertemente su carrera- entre 1914 y 1927. Con la llegada del cine sonoro ejerce también de productor para otros cineastas que han pasado al olvido, durante tres años produce 44 filmes. Vuelve a dirigir pero esta vez para Universal -donde estará trabajando en exclusiva durante 11 años, de 1930 a 1941-, es en esta productora en la cual empieza a sobresalir como un excelente y sutil director de melodramas, filmando algunas de sus películas más destacables -La usurpadora, Imitación de la vida, Parece que fue ayer, Sublime obsesión o Huracán-. Fue uno de los directores mejor pagados de esta compañía, y tenía el privilegio de tener cierto control sobre sus proyectos -ya que consiguió ser acreditado nuevamente como productor en muchas de sus películas-. Privilegio poco frecuente en el Hollywood clásico, ya que los jefazos de las productoras tenían mucho poder.

1a162ba6a467c99136e83773ea886718 ''Las llaves del reino'', Gregory Peck también conseguiría ser candidato al Oscar como Mejor actor.


La etapa final de la trayectoria de Stahl va de la mano de la 20th Century Fox, donde rueda nueve películas. Entre ellas, la que es merecidamente una de sus obras mejor valoradas, el maravilloso melodrama noir ''Que el cielo la juzgue'', en el cual, una espléndida y pérfida Gene Tierney vuelve a hechizarnos. Que además posee la peculiaridad de haber sido filmada en tecnicolor, técnica visual poco frecuente en el cine negro de esa época. Otros títulos recomendables de su etapa en la Fox son Las llaves del reino, Sagrado matrimonio, Murallas humanas, Débil es la carne o El sargento inmortal. Su última cinta sería Linda muñequita en 1949. Fallecería en 1950 de un ataque al corazón a los 63 años.

  8dfc5d8aaad536ad3e24089c78ce813a ''Que el cielo la juzgue'', una de las cumbres del melodrama.


John M. Stahl fue conocido en el Hollywood dorado por ser un experto en películas de mujeres, las actrices siempre fueron sus mejores aliadas. Solía conseguir hacerlas brillar en pantalla. Irene Dunne fue la mejor intérprete que estuvo bajo sus órdenes -trabajaron juntos en tres ocasiones, La usurpadora, Sublime obsesión y Huracán-, no sólo por ser una actriz de desbordante talento y admirable versatilidad, si no también porque su perfil interpretativo -era contenida, carismática y emocional- se ajustaba a la perfección al estilo de Stahl, que perseguía la desnudez sentimental y la sencillez por encima de todo, notablemente alejado de artificios formales. Otra musa memorable fue sin duda, Gene Tierney, encarnando a una femme fatale sobresaliente.1013d44efd68779ebdc35b090ff5cfd0 ''Huracán'', en 1957 Douglas Sirk la versionaría con inferior resultado, bajo el título de ''Interludio de amor''.a9cf984cb610acc62904cf71d8fce2af Linda Darnell en ''Murallas humanas''.  



CURIOSIDADES
  • Las películas de John M. Stahl no sólo fueron versionadas por Douglas Sirk, si no que por ejemplo, La usurpadora -Back Street- conoció dos remakes, uno dirigido en 1943 por Robert Stevenson Su vida íntima con Margaret Sullavan y Charles Boyer, y otro dirigido en 1961 por David Miller, que protagonizaron Susan Hayward y John Gavin.
B8IYbkEIQAApkIe Irene Dunne en ''La usurpadora''.

 

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