miércoles, 6 de julio de 2016

Greer Garson, portentosa actriz del melodrama clásico de Hollywood

6aa84c702566246a1debd7cbbce3d0e5 Esta pelirroja británico-irlandesa tuvo buena estrella desde el principio de su carrera en el cine. Eileen Evelyn Greer Garson fue una jovencita madura y de buenos modales, que previamente se sacó una carrera universitaria, estudió en Francia y trabajó en una oficina de Londres para después probar suerte en los escenarios británicos -llegaría a trabajar incluso junto a Laurence Olivier y a conocer George Bernard Shaw-, el público y la crítica comenzaban a estar interesados en la incipiente intérprete, y fue en este medio, cuando el jefazo de la MGM Louis B. Mayer, quedó encandilado con su talento tras verla representar una obra titulada ''Old Music''. Le ofreció un contrato por un año. Sin tener una amplia experiencia interpretativa detrás, el buen olfato de Mayer la catapultó a la que es considerada -en aquellos tiempos, con más justicia- la meca del cine. Durante ese año de contrato -1937-1938- la Metro no sabía que hacer con ella, solamente le ofrecía papeles insípidos que no estaban a la altura de su talento y que Greer rechazaba porque Louis B. Mayer le había prometido un gran papel que parecía que nunca terminaba de llegar. Garson terminó perdiendo la esperanza de conseguir una carrera cinematográfica, hasta que Myrna Loy dejó temporalmente la MGM y su salida dejó detrás una vacante en una película, se trataba de ''Adiós, Mr. Chips''. El Estudio le ofreció el papel, pero Greer no estaba demasiado ilusionada con el personaje, porque consideraba que tenía poco tiempo en pantalla y lo veía secundario. Un amigo la convenció de la calidad de este papel. Por tanto, su salto de actriz teatral a promesa cinematográfica fue fulgurante, en no mucho tiempo se convertiría en una de las reinas de la Metro y en una de las favoritas de Mayer. ''Adiós, Mr. Chips'' le abrió las puertas de Hollywood -pese a la poca confianza inicial que Garson tenía en este papel, al considerarlo demasiado secundario como para destacar realmente-, siendo nominada a su primer Oscar. En realidad, no podría haber debutado de mejor manera, Garson eleva este largometraje con su talento, candor y belleza. Acto seguido, su personaje protagonista en ''Más fuerte que el orgullo'' -una adaptación de la famosa novela de Jane Austen, ''Orgullo y prejuicio''- confirmaría su estatus de estrella a tener en cuenta y propiciaría que la Metro la uniese en la gran pantalla, con el excelente actor Walter Pidgeon en su primera colaboración conjunta -y para mí, la mejor- ''De corazón a corazón''. Terminaría desplazando a Norma Shearer en la Metro -y también a Joan Crawford-, especialmente a raíz de que rechazara protagonizar ''La señora Miniver'' por no querer interpretar a la madre de un hijo ya crecidito, Garson brillaría como casi siempre, y se llevaría un premio de la Academia a la Mejor actriz. El joven intérprete que interpretó a su vástago se convertiría en su segundo marido. Se comenta que su discurso de aceptación duró más de cinco minutos, hecho que motivó que la Academia limitara el tiempo para agradecimientos de los premiados.

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Fue una actriz prestigiosa y popular, especialmente durante los años 40, llegando a estar nominada en siete ocasiones a los Oscar. Si por algo destaca su carrera es por sus participaciones en grandes melodramas de la época dorada de Hollywood. Solía interpretar a mujeres valientes y sentimentales. Fue una excepcional dama en este género, para mí, totalmente a la altura interpretativa de otras actrices calificadas -con justicia- como reinas del melodrama, como eran Bette Davis y Joan Crawford, a pesar de que Garson por sus facciones se caracterizara por dar vida en pantalla a mujeres más bondadosas -Davis y Crawford solían interpretar personajes femeninos más pérfidos-. Greer Garson poseía una elegancia innata, transmitía calidez, y a pesar de su formación teatral no había en ella el mayor atisbo de artificio, resultaba tremendamente natural en pantalla. Conocerla, es quererla. Al final de su carrera cinematográfica, retornó al teatro e incursionó en la televisión. Estaba algo hastiada del perfil de papeles que le tocó interpretar en el cine -en su mayoría, personajes femeninos íntegros y con pocas aristas y en cintas dramáticas-, y pretendía dar un giro interpretativo con ''Tía y mamá'' en los escenarios -papel al que también dio vida Rosalind Russell tanto en las tablas como en la gran pantalla-. En los años 80, cerraría su etapa profesional con una aparición en un episodio de la mítica serie ''Vacaciones en el mar''. Greer Garson representó en pantalla una imagen impoluta de la mujer. Generalmente, personajes femeninos bondadosos, carentes de malicia o picardía. Es una lástima, que no se hubiese explotado más su vena malévola o cómica. Garson me parece una actriz tan dotada actoralmente, que se le debería haber dado más oportunidades de abarcar otros registros. En las pocas ocasiones que intentó hacer algo diferente, el público de la época no respondía bien en la taquilla. Siempre anheló abrazar más la comedia, por ejemplo. Bette Davis, Joan Crawford y Barbara Stanwyck, otras grandes señoras del drama clásico, demostraron ser más versátiles. A los productores les costaba verla en personajes oscuros, y ella prefería rodar películas agradables.


Greer Garson y Walter Pidgeon, un equipo memorable

''Hicé ocho películas con Greer Garson y nunca hubo una mala palabra entre nosotros.'' Walter Pidgeon. tumblr_mcii7ajjFb1qbewogo1_500 Una de las películas más sobresalientes del tándem Garson-Pidgeon, la magnífica ''De corazón a corazón''.  

La trayectoria cinematográfica de Greer Garson está permanentemente asociada a la figura del estupendo actor Walter Pidgeon -presencia elegante y carismática como ella-. Trabajarían en ocho ocasiones juntos, en su mayoría cintas de corte romántico. En mi opinión, una de las mejores parejas que ha dado el cine clásico de Hollywood, dos grandes intérpretes -rebosantes de encanto- en perfecta sintonía. En sus filmes solían interpretar a parejas casadas. Eran la viva imagen del amor duradero. Dieron grandes beneficios a la Metro, siendo una de las parejas cinematográficas más taquilleras de la época. Más allá de la pantalla, fueron grandes amigos. Greer y Walter se tenían bastante confianza antes de trabajar juntos, ya que habían sido vecinos y coincidieron en varios screen tests para la Metro.
 

Curiosidades
  • Garson no quería participar en ''La señora Miniver'' pero el director William Wyler y el productor Louis B. Mayer la convencieron.
  • El rodaje más caótico de su trayectoria fue el de ''Desire me'', que acumuló múltiples problemas: el guión estaba constantemente revisándose y reescribiéndose, Robert Mitchum estaba enfadado por tener un papel secundario y por compartir pantalla con una actriz tan buena como Garson y para colmo no se entendía con el primer director asignado George Cukor, por su parte Greer Garson se vio arrastrada por el mar y casi se ahoga y terminó separándose de su segundo marido, y se despidió a Cukor y contrataron a otros tres -Jack Conway, Mervyn LeRoy y Victor Saville- que también fueron despedidos. En fin, un desastre...
  • Greer Garson fue desde siempre una gran aficionada al cine. En los años 20 disfrutaba de ir asiduamente a las salas de cine. Uno de sus actores favoritos era su compatriota el estupendo Ronald Colman, así que debió de ser un sueño hecho realidad para ella, filmar con él, dos décadas después una de sus mejores películas, el drama romántico ''Niebla en el pasado''. Colman disfrutó también mucho de esa experiencia, y Greer solía señalarla como su película favorita de entre las suyas.
  • Siempre deseó interpretar papeles cómicos, y su deseo solamente se vio cumplido con la screwball comedy ''Julia se porta mal'', y posteriormente, en el teatro con ''Tía y mamá''. Como le ocurrió a otras grandes estrellas, era más frecuente verla protagonizando papeles dramáticos con un perfil similar. Los Estudios cuando comprueban que un intérprete les funciona mejor de cara a la taquilla en un determinado perfil, probablemente suelen forzar su encasillamiento con la intención de seguir manteniendo grandes beneficios económicos.
  • Fue gran amiga de otra actriz maravillosa Rosalind Russell, que recomendó a Greer como su sustituta para la obra teatral cómica, ''Tía y mamá''.

sábado, 18 de junio de 2016

Anatole Litvak, infravalorado y estupendo cineasta del Hollywood clásico

Parece que existe una cierta tendencia a penalizar o menospreciar la versatilidad en un director, como si esa virtud estuviera automáticamente ligada a ser un realizador impersonal, y no siempre es así. El maestro William Wyler, era habitualmente infravalorado por la aparente facilidad que tenía para manejarse en cualquier género con mucha solvencia. Al margen de rasgos autorales o no, un cineasta -en mi opinión- demuestra verdaderamente su grandeza cuando no se limita a un género en concreto, si no que se arriesga adentrándose en terrenos inexplorados en su carrera, géneros que todavía no ha tocado. Ese es el perfil de director que más me suele interesar. William Wyler, Raoul Walsh, Robert Wise, Howard Hawks o Anatole Litvak, son de esa clase de directores osados que son necesarios en el séptimo arte. También es cierto, que en el Hollywood clásico era más común que los directores hicieran varios géneros, pero no deja de tener mérito, que un realizador destaque con nota en cualquier tipo de película. Uno de los aspectos que más valoro de un cineasta, es la capacidad de moverse entre géneros con soltura y siempre acertar. Anatole Litvak fue uno de estos estupendos directores que poseía la habilidad de ser competente en cualquier género, y demostraba también, una excelente mano dirigiendo a sus intérpretes. De origen ucraniano, desarrolló su carrera entre Europa y Estados Unidos, filmando en varios países y en distintos idiomas. Escribe, dirige y produce sus filmes.

CjaX8TmXIAA-n5S Con Sophia Loren y Anthony Perkins rodando ''Un abismo entre los dos''.


Estuvo casado con la gran actriz Miriam Hopkins -una de las enemigas íntimas de Bette Davis-, se comenta que fue uno de los motivos del enfrentamiento de Bette y su esposa. Supuestamente Bette llegó a ser amante del realizador cuando éste estaba aún unido sentimentalmente a Miriam. Trabajaron juntas en más de una ocasión, y nunca se soportaron. Litvak trató de conquistar a la también actriz Paulette Goddard, la prensa americana de la época se escandalizó excesivamente debido a un supuesto incidente sexual entre los dos dentro de un famoso restaurante. El revuelo generado alrededor de este hecho, propició que Anatole se decidiera a combatir en la Segunda Guerra Mundial tras nacionalizarse norteamericano. Además, colaboró en películas de propaganda bélica junto a Frank Capra. CiHfUypWMAAk3EK.jpg large En un descanso del rodaje de la magnífica ''El cielo y tú'', protagonizada por una de sus presuntas amantes, la excepcional Bette Davis.  


Comienza su carrera en los Estudios Nordkino de Leningrado en 1923, dos años después se traslada a Alemania y empieza a dirigir para la UFA en 1930. Fue montador del gran director Georg Wilhelm Pabst. Con la llegada del cine sonoro, debido a su gran dominio de idiomas, dirige para los estudios UFA tres flojas producciones en tres versiones distintas -la francesa, la alemana y la inglesa-, ya que en aquella época el doblaje en este país aún no existía. Con el ascenso al poder de los nazis, Litvak huye a Francia, donde consigue un gran éxito con Sueños de príncipe, protagonizada por Charles Boyer y Danielle Darrieux. Pero verdaderamente, Litvak da el campanazo con Mayerling, que atrae la atención de un Hollywood siempre ávido de talento extranjero.

CjUdmKqVAAAJlrx Anatole Litvak junto a Vivien Leigh en el rodaje de ''The Deep blue sea''.  


Después del éxito internacional que supuso su película de producción francesa Mayerling, Litvak es fichado por la Warner y viaja a USA en 1937. Desde el principio, se forja una reputación de director con un talento especial para el melodrama -aunque transitara muy dignamente por otros géneros, como el noir, la comedia o el cine bélico, por ejemplo-, la industria cinematográfica norteamericana comenzó a valorarlo de verdad a raíz de dirigir de manera magnífica una de sus mejores películas, ''Nido de víboras'' -protagonizada por una habitualmente maravillosa Olivia de Havilland-, filme que supondría su primera y única nominación al Oscar como Mejor director -aunque en 1952, su cinta ''Decisión al amanecer'' fuese candidata a Mejor película-. Los años 30 y 40 especialmente fueron la cima de su trayectoria, dirigiendo de manera sobria y muy efectiva muchas de las películas más destacables de su cine -Voces de muerte, El cielo y tú, Nido de víboras, Ciudad de conquista, Años sin días, Confesiones de un espía nazi, Tovarich o El sorprendente Dr. Clitterhouse-. En los años 50, Anatole Litvak retornó a la vieja Europa, y desde esa década, rodaría a caballo entre ese continente y Hollywood. Fallecería en Francia en 1974.

Una de sus películas más apreciables de los años 60, ''No me digas adiós''. Una de sus películas más apreciables de los años 60, ''No me digas adiós''.


Anatole Litvak era muy valorado por los críticos y por sus compañeros de profesión -el genial Billy Wilder se encontraba entre sus admiradores, por ejemplo-, pero no ha gozado del reconocimiento que ampliamente merece por parte del público cinéfilo. Seguramente porque es un director con un estilo sobrio y sin un sello muy distintivo, pero sin duda, es un realizador de sobrada valía y más que estimable polivalencia, que cuenta con varias joyas en su carrera. Uno de esos grandes desconocidos que merece mucho la pena conocer, y que yo descubrí gracias a un gran amante del cine clásico, como es mi amigo Javi Leiva. Si te entusiasma el melodrama y el buen hacer cinematográfico en general, es un cineasta que debes disfrutar.

viernes, 17 de junio de 2016

Robert Montgomery, carismático, polivalente y elegante

''Si tienes la suerte suficiente de tener un éxito, disfruta del aplauso y la adulación del público. Pero nunca, nunca te lo creas''. Robert Montgomery. tumblr_o7jveypRGi1qazanuo1_1280 La maravillosa Bette Davis definió a Robert Montgomery como la versión masculina de una de sus enemigas íntimas, la fantástica Miriam Hopkins. Ya no sólo por su evidente talento, si no por su capacidad para ser un roba escenas. Montgomery fue magnético en pantalla, una vez que entraba en una secuencia, difícilmente se podía apartar la mirada de él -no solamente por su agradable aspecto físico, si no especialmente, por su poderosa presencia escénica-. Poseía una vis cómica deliciosa y un carisma desbordante. Aunque destacó sobre todo en papeles cómicos, era un intérprete polivalente que también era capaz de bordar personajes dramáticos -''Al caer la noche'' es uno de los ejemplos más representativos, dentro de ese mismo personaje es admirable su dualidad, pasando de ser un tipo afable a alguien totalmente repulsivo-. Robert Montgomery es uno de mis últimos descubrimientos interpretativos, me conquistó desde el principio -algo no demasiado frecuente en mí, cinéfila exigente desde siempre-.

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''Matrimonio original'', una de las pocas comedias que rodó Hitchcock.


Robert Montgomery perdió a su padre a edad temprana y también su seguridad económica previa, lo que hizo que intentara ganarse la vida como podía -en multitud de trabajos, principalmente como actor teatral y escritor-. Fue descubierto por el gran George Cukor en el teatro, que le aconsejó que no dejara la interpretación. En 1929, la Metro lo fichó -productora que tenía entre sus filas a muchas de las grandes estrellas del Hollywood clásico- y pronto lo juntó con la reina de la MGM en aquellos días, Norma Shearer. Hicieron varios largometrajes juntos, entre ellos, ''La divorciada'' o ''Besos al pasar''. A finales de los años 30, consiguió un notable éxito con ''Al caer la noche'', un giro sorprendente en su trayectoria, en el cual dejaba de lado sus personajes encantadores para encarnar a un asesino. En 1940 continuaría la racha de éxito, con una cinta que fue muy popular en su época, la excelente comedia de fantasía ''El difunto protesta'' -que conocería dos remakes posteriores-. Sería nominado al Oscar como Mejor actor por estas dos últimas películas.

tumblr_o7j82iJB6M1qjbq6yo1_1280 La ópera prima de Robert Montgomery como director, ''La dama del lago''.

Montgomery fue uno de los mejores intérpretes de los años 30 y 40, y tristemente con el paso del tiempo no tan valorado como merece. Trabajó con muchas de las mayores estrellas del Hollywood dorado: Norma Shearer, Rosalind Russell, Carole Lombard, Joan Crawford, Irene Dunne, Bette Davis, Ingrid Bergman... Solía interpretar papeles de tipos agradables y carismáticos, en comedias principalmente. Su aire distinguido lo hacía idóneo para el perfil de protagonista sofisticado. Era un actor magnífico que raramente desentonaba. Su mirada intensa y su sobriedad interpretativa -aún en papeles que se prestan al exceso-, son dos de sus rasgos más distintivos como actor.

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Robert Montgomery y Bette Davis en ''Novia de Junio''.


La imagen de Robert Montgomery cambió a raíz de viajar a Europa para combatir en la Segunda Guerra Mundial, endureciéndose sus facciones considerablemente. Después de este acontecimiento importante en su vida, regresaría al cine con la ambición de ser cineasta. La primera oportunidad que tuvo de demostrar su valía detrás de las cámaras, fue cuando John Ford cayó enfermo en el rodaje de ''No eran imprescindibles'' -filme donde Robert Montgomery era uno de los protagonistas- y él le sustituyó como director durante unos días, su labor no fue acreditada. El Estudio quedó satisfecho con su desempeño, y confió en Montgomery que debutó poco después, en una adaptación de una novela negra escrita por uno de los grandes del género Raymond Chandler, sobre el famoso detective Phillip Marlowe, ''La dama del lago''. La película fue pionera en el uso de la cámara subjectiva, siendo filmada enteramente bajo esa perspectiva, el público sólo contemplaba a Marlowe -Montgomery- a través de espejos. La Metro no quedaría muy conforme con el resultado y las críticas serían mixtas, y Robert no tardaría en abandonar esta productora, poniendo fin a una relación profesional de dos décadas, con el propósito de convertirse en director independiente, llegaría a rodar cuatro películas más en su faceta de director. A finales de su carrera, Robert Montgomery dedicaría su tiempo al teatro y a la televisión -en TV tuvo en emisión durante ocho años el popular show ''Robert Montgomery presenta'' en el cual debutaría su hija también actriz, Elizabeth Montgomery, y en el teatro, ganaría un Tony por la dirección de ''Horas desesperadas'' en 1955-.

tumblr_o0qll2Mh8t1sotg28o1_500 ''The Last of Mrs. Cheyney'', Robert junto a William Powell y Joan Crawford.


Curiosidades
  • Era activo políticamente, supuestamente de ideología republicana -conservador-. Sirvió al Comité de Actividades Anti-Americanas como testigo para ayudarles a luchar contra el comunismo, en la era de la caza de brujas del senador McCarthy. Posteriormente, ejerció de asesor de prensa para el presidente Eisenhower.
  • En 1935, sería nombrado presidente del Screen Actors Guild. En 1946 sería reelegido.
  • En 1948, presentaría una edición de los premios Oscar.
  • Tuvo tres hijos, el primero murió de meningitis cuando tenía catorce meses en 1930, la segunda fue Elizabeth Montgomery que se haría famosa al interpretar a la bruja Samantha de la serie ''Embrujada'' y el último, Robert Montgomery Jr. Los tres fallecerían de la misma enfermedad, el cáncer.
  • Protagonizó junto a Carole Lombard una de las pocas comedias que filmó el maestro del suspense Alfred Hitchcock, ''Matrimonio original''.
  • El director favorito con el que trabajó, según sus propias palabras fue John Ford, al cual, lógicamente, calificó de ''genio''.
  • Con su amigo James Cagney formó una productora, Cagney-Montgomery Productions.
  • Norma Shearer lo escogió personalmente como su pareja cinematográfica.
  • Además de actor y director, fue presentador y productor de televisión.

martes, 7 de junio de 2016

John M. Stahl, grande del melodrama y precursor de Douglas Sirk

CgHTM2QWQAEwZkH Gene Tierney fue nominada al Oscar como Mejor actriz por su trabajo en ''Que el cielo la juzgue''.  


John M. Stahl es un magnífico realizador especializado en melodramas, que vivió en cierta manera a la sombra de la fama de Douglas Sirk, este hecho y que muchas de sus películas sean difíciles de conseguir -su etapa silente está prácticamente desaparecida, por ejemplo-, contribuyen a que su trayectoria no sea demasiado conocida y por tanto, no lo suficientemente valorada. Stahl dirigió tres cintas -Magnificent Obsession, When Tomorrow Comes e Imitation of Life- que posteriormente Sirk versionó en los años 50 llevándolas a su terreno, con un estilo estético más florido y con un enfoque distinto de la historia. John M. Stahl se caracterizó por un estilo más naturalista y sobrio en sus propuestas cinematográficas. Aunque Sirk es más reconocible por el público cinéfilo, Stahl es un cineasta que, con sus altos y sus bajos artísticos, es también muy recomendable. En definitiva, dos maestros del Hollywood dorado.

CVZZnUUXIAAiyZ- John M. Stahl junto a Gene Tierney en un descanso del rodaje de la obra maestra del melodrama noir, ''Que el cielo la juzgue''.  


John M. Stahl aunque siempre mantuvo que era originario de Nueva York, se ha demostrado que tenía origen europeo y que pertenecía a una familia judía -se asegura que nació en Bakú, actual Azerbaiyán-. Abandonó sus estudios de Derecho e hizo sus primeros pinitos artísticos como actor teatral en vodeviles y compañías dramáticas. Trabajó para tres de las más grandes productoras de Hollywood: Metro Goldwyn Mayer, Universal Pictures y la Fox. En la naciente MGM de aquella época, dirigió 24 largometrajes mudos -entre ellos, algunos melodramas, género que marcaría fuertemente su carrera- entre 1914 y 1927. Con la llegada del cine sonoro ejerce también de productor para otros cineastas que han pasado al olvido, durante tres años produce 44 filmes. Vuelve a dirigir pero esta vez para Universal -donde estará trabajando en exclusiva durante 11 años, de 1930 a 1941-, es en esta productora en la cual empieza a sobresalir como un excelente y sutil director de melodramas, filmando algunas de sus películas más destacables -La usurpadora, Imitación de la vida, Parece que fue ayer, Sublime obsesión o Huracán-. Fue uno de los directores mejor pagados de esta compañía, y tenía el privilegio de tener cierto control sobre sus proyectos -ya que consiguió ser acreditado nuevamente como productor en muchas de sus películas-. Privilegio poco frecuente en el Hollywood clásico, ya que los jefazos de las productoras tenían mucho poder.

1a162ba6a467c99136e83773ea886718 ''Las llaves del reino'', Gregory Peck también conseguiría ser candidato al Oscar como Mejor actor.


La etapa final de la trayectoria de Stahl va de la mano de la 20th Century Fox, donde rueda nueve películas. Entre ellas, la que es merecidamente una de sus obras mejor valoradas, el maravilloso melodrama noir ''Que el cielo la juzgue'', en el cual, una espléndida y pérfida Gene Tierney vuelve a hechizarnos. Que además posee la peculiaridad de haber sido filmada en tecnicolor, técnica visual poco frecuente en el cine negro de esa época. Otros títulos recomendables de su etapa en la Fox son Las llaves del reino, Sagrado matrimonio, Murallas humanas, Débil es la carne o El sargento inmortal. Su última cinta sería Linda muñequita en 1949. Fallecería en 1950 de un ataque al corazón a los 63 años.

  8dfc5d8aaad536ad3e24089c78ce813a ''Que el cielo la juzgue'', una de las cumbres del melodrama.


John M. Stahl fue conocido en el Hollywood dorado por ser un experto en películas de mujeres, las actrices siempre fueron sus mejores aliadas. Solía conseguir hacerlas brillar en pantalla. Irene Dunne fue la mejor intérprete que estuvo bajo sus órdenes -trabajaron juntos en tres ocasiones, La usurpadora, Sublime obsesión y Huracán-, no sólo por ser una actriz de desbordante talento y admirable versatilidad, si no también porque su perfil interpretativo -era contenida, carismática y emocional- se ajustaba a la perfección al estilo de Stahl, que perseguía la desnudez sentimental y la sencillez por encima de todo, notablemente alejado de artificios formales. Otra musa memorable fue sin duda, Gene Tierney, encarnando a una femme fatale sobresaliente.1013d44efd68779ebdc35b090ff5cfd0 ''Huracán'', en 1957 Douglas Sirk la versionaría con inferior resultado, bajo el título de ''Interludio de amor''.a9cf984cb610acc62904cf71d8fce2af Linda Darnell en ''Murallas humanas''.  



CURIOSIDADES
  • Las películas de John M. Stahl no sólo fueron versionadas por Douglas Sirk, si no que por ejemplo, La usurpadora -Back Street- conoció dos remakes, uno dirigido en 1943 por Robert Stevenson Su vida íntima con Margaret Sullavan y Charles Boyer, y otro dirigido en 1961 por David Miller, que protagonizaron Susan Hayward y John Gavin.
B8IYbkEIQAApkIe Irene Dunne en ''La usurpadora''.

viernes, 3 de junio de 2016

Gregory La Cava, memorable artesano eclipsado por otros grandes de la comedia

En este blog de clásicos siempre que pueda, intentaré primar los nombres más desconocidos por encima de los grandes conocidos. Creo que hay veces que se aporta más escribiendo sobre gente valiosa de la que no se habla tanto, que sobre estrellas o directores míticos sobradamente reconocibles por la mayoría.Cgb09QTWEAEwR9w.jpg large Gregory La Cava en un descanso del rodaje de ''Al servicio de las damas'', protagonizada por Carole Lombard y William Powell.  


Gregory La Cava fue un formidable cineasta estadounidense de origen italiano, que no gozó del prestigio y popularidad de otros coetáneos del Hollywood clásico, como Leo McCarey, Frank Capra o George Cukor -de hecho, era frecuentemente comparado con este último, seguramente por dirigir comedias y por su notable predilección por las actrices, extrayendo de ellas, fantásticos trabajos-. Aunque estuvo nominado en dos ocasiones al Oscar como Mejor director, ha sido injustamente olvidado o infravalorado, especialmente con el paso del tiempo. Caso similar al de Mitchell Leisen, directores de sobrada valía, con una elegante puesta en escena y que se especializaron en comedias. La mirada de La Cava es humanista pero al mismo tiempo, caustica e irónica, dejando sus películas, en ocasiones, un poso de amargura. Más en la línea descreída de Billy Wilder y Preston Sturges, no tanto en el tono amable u optimista de Frank Capra y Mitchell Leisen. Al desarrollarse su carrera en una época donde abundaban genios de la comedia, no poseer un sello muy identificativo, y por encima de todo, arrastrar una fama de cineasta conflictivo entre los productores, fueron elementos que hundieron su trayectoria a marchas forzadas. Los jefazos de los Estudios creían en su talento en un principio, pero temían su carácter complicado.


Gregory La Cava junto a Ginger Rogers y Walter Connolly en el rodaje de ''La chica de la Quinta Avenida''.
Gregory La Cava junto a Ginger Rogers y Walter Connolly en el rodaje de ''La muchacha de la Quinta Avenida''.


Ensombrecido por muchos grandes de la época, sin un estilo excesivamente definido y con una fama de director difícil, fue sobreviviendo durante los años 30 y 40. Con una filmografía algo irregular pero con algunos puntos álgidos muy apreciables -especialmente las dos únicas obras maestras de su carrera -y las más reconocidas- ''Al servicio de las damas'' y ''Damas del teatro''-. Fue un director independiente -figura poco extendida en la época, ya que todos solían estar atados a un Estudio determinado bajo contratos-, que con el presupuesto que le asignaban hacía virguerías, llegando incluso a ahorrar. Llegó un momento en que los Estudios se cansaron de él, y La Cava se convirtió en un alcohólico, falleciendo prematuramente a los 59 años en 1952.

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''Damas del teatro''


Gregory La Cava, antes de llegar al cine sonoro con bastante acierto, tenía una prolífica trayectoria en la animación -habiendo dirigido más de 100 cortometrajes animados-, además de haber ejercido como pintor y boxeador previamente. La Cava era un amante de la improvisación en los sets de rodaje, dándoles bastante libertad a sus intérpretes. Trabajó con actores y actrices maravillosos -William Powell, Carole Lombard, Claudette Colbert, Ginger Rogers, Katharine Hepburn, Irene Dunne...- y muchos de ellos, terminarían nominados al Oscar gracias a sus cintas. Los intérpretes que trabajaron y se adaptaron a su peculiar método de trabajo solían divertirse, pero, es de suponer, que los que eran más perfeccionistas terminarían hartos. Sus rodajes eran un constante ir y venir, se introducían cambios en la historia a última hora, y los actores eran avisados repentinamente de estos retoques por La Cava -los guiones solían estar firmados por el propio director acompañado de otros guionistas-. Cuando los productores se lo permitían, le gustaba contar con un pianista en el plató, que solía marcar el ritmo conveniente para cada secuencia. Además, un psicoanalista trataba a La Cava en los descansos.

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''Lecho de rosas'', con Constance Bennett y Joel McCrea.


Gregory La Cava era alérgico a los grandes planes de producción, y abogaba, por la naturalidad en sus propuestas, renegando fuertemente del encorsetamiento formal para sus filmes. La Cava era un cineasta eminentemente creativo, que le otorgaba mucha relevancia a las mujeres y a los diálogos inteligentes y sólidos. Una de las mejores virtudes que poseía, era su habilidad para combinar drama y comedia con pasmosa facilidad -especialmente patente en ''Damas del teatro'' y ''Al servicio de las damas'', comedias con tintes amargos-. Se movía como pez en el agua en la comedia, pero a su vez, también era admirable lo bien que se manejaba en el melodrama -en algunas ocasiones, con trasfondo social-. Rodaba sin guión, improvisando sobre la marcha, saltándose las fechas establecidas, y aún así, conseguía terminar a tiempo cada rodaje. La Cava fue, en definitiva, un grande. Por desgracia, poco valorado por crítica y público. Ahondar en su filmografía, confirma su talento desbordante y estilo refinado, a pesar de tener cintas menores como cualquier realizador.

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Katharine Hepburn y Ginger Rogers siendo dirigidas por La Cava en ''Damas del teatro''.  


Títulos a destacar de la filmografía de La Cava

Damas del teatro
Al servicio de las damas
La melodía de la vida
La muchacha de la Quinta Avenida
Lecho de rosas
Ansía de amor
Sucedió una vez
El burlador de Florencia
El despertar de una nación
Mayoría de edad
Astucia de mujer
Risa y dinero

Las mejores parejas de la época dorada de Hollywood: William Powell y Myrna Loy, resolviendo misterios con estilo y humor (I)

William Powell y Myrna Loy, antes y después de la saga The thin man (El hombre delgado)

tumblr_ny6li6DV4b1udn2gzo1_540 "Nunca disfruté tanto mi trabajo como cuando actuaba junto a William Powell. Era un actor brillante, un compañero encantador, un buen amigo y por encima de todo, un auténtico caballero. Lo veía frecuentemente a lo largo de los años. Lo echaré de menos terriblemente." Myrna Loy.
 

Myrna Loy tuvo formación de bailarina y comenzó su carrera en el cine mudo a mediados de los años 20, después de algunas representaciones locales. Fue descubierta por Rodolfo Valentino, un galán mítico del cine silente. El Hollywood clásico solía recurrir a ella para interpretar a personajes exóticos y misteriosos -mujeres fatales asiáticas, etc-, especialmente durante la primera década de su carrera, seguramente propiciado por su singular belleza. Después se convertiría en la esposa ideal -simpática, abierta y sensual- al lado de William Powell, Clark Gable y otros. La MGM la promocionaba como la mujer soñada que todo hombre desearía tener. Loy está considerada una de las actrices más populares e imprescindibles de los años 30 y 40 -la primera entrega de las 6 películas de The Thin Man en 1934, la consolidó como una estrella de gran éxito-, fue apodada la reina de Hollywood gracias a una encuesta realizada entre los espectadores. William Powell y Myrna Loy se convirtieron en dos de los más actores más queridos del público de la época, rodando juntos 14 cintas -Libeley Lady, I love you again, Manhattan Melodrama, Love Crazy, Evelyn Prentice...-. Otras parejas cinematográficas con las que también funcionaba excelentemente, fueron dos magníficos actores Cary Grant y Clark Gable. Hizo un descanso en su trayectoria para ayudar en la II Guerra Mundial -después retornaría al cine de la mano del gran William Wyler con ''Los mejores años de nuestra vida'', sin duda, uno de sus mejores papeles dramáticos- y continuaría interpretando el perfil de esposa perfecta aunque con una personalidad muy definida, mucho más que un mero complemento del hombre. Se volvió muy activa políticamente a raíz de su participación en este conflicto armado, colaborando en la promoción de causas liberales, al lado de Richard Nixon antes de que se convirtiera en presidente. Fue la primera estrella de cine que trabajó para las Naciones Unidas. Desde mediados de los años 50 hasta los 80, Loy fue espaciando sus apariciones cinematográficas (Lonelyhearts, The April fool, The End...), combinaría sus trabajos en el cine con su exitosa incursión en el teatro. Los últimos papeles de su carrera fueron, un personaje secundario en la película de Sidney Lumet Just Tell Me What You Want (1980) y una TV-movie al lado de Henry Fonda Summer Solstice (1981). Seguramente debido a que en su trayectoria abundan los papeles cómicos -ya conocemos la habitual tendencia de la Academia de nominar y premiar dramas, a la comedia generalmente se la infravalora, a pesar de la indudable calidad de muchos de los filmes cómicos clásicos-, aunque también demostrara ser versátil en sus escasas interpretaciones dramáticas, nunca sería nominada por una actuación en concreto, y los Oscar solucionarían este error, como frecuentemente hacen, dándole un premio honorífico en 1991. William Powell al igual que Myrna Loy también inició su carrera en el cine silente, después de un largo recorrido teatral de una década. Empezaría a hacerse conocido con algunas películas talkies de serie B trabajando junto a la actriz Kay Francis y con cuatro películas en las cuales daba vida al detective Philo Vance. No era el galán protagonista, pero sí un intérprete muy interesante. Paso de ser un villano recurrente a interpretar a caballeros sofisticados. Paradójicamente, su imagen de actor distinguido, no correspondía con su origen humilde en la realidad. La primera cinta de la saga The Thin Man supuso también su espaldarazo definitivo, siendo nominado al Oscar como Mejor actor. Está claro que William Powell en su vida personal tenía afición por las rubias. Se casó en segundas nupcias y se divorció de la excelente actriz Carole Lombard, y posteriormente, sería la última pareja que tuvo Jean Harlow antes de su fallecimiento. Solamente un año después, Powell contraería un cáncer y su doctor le daría una corta esperanza de vida. Saldría adelante con la enfermedad, sometiéndose a tratamientos de radioterapia. Volvería al cine en 1939, con la tercera entrega de la comedia de misterio sobre The Thin Man. Seguiría haciendo películas hasta 1955, después se retiró a Palm Springs pero continuó manteniendo el contacto con Myrna Loy. Murió a los 91 años en 1984. Loy fallecería 9 años después -en 1993 a los 88 años-. Myrna Loy y William Powell serán recordados para siempre por los cinéfilos, por ser dos inmejorables intérpretes cómicos. Son sinónimo de elegancia, estilo y fino humor. Juntos llenaron la pantalla de magia y encanto. No tan famosos como otras parejas de la época dorada de Hollywood -Fred Astaire y Ginger Rogers, Katharine Hepburn con Spencer Tracy o Cary Grant, Judy Garland y Mickey Rooney y Doris Day y Rock Hudson- pero igual de grandes y carismáticos. Ostentan el record de ser la pareja cinematográfica que más colaboraciones conjuntas acumulan.  


''The thin man'' (La cena de los acusados), el matrimonio Charles entra en escena y enamora al público desde el principio

LoyPowell The Thin Man publicado en Enero de 1934 fue el último libro que escribió Dashiell Hammett (El halcón maltés), que al contrario que sus anteriores novelas, la terminó solamente en un par de meses. No podía estar muy alejada del estilo que lo había hecho un nombre prestigioso y popular (la serie negra). Aunque ciertamente, este libro poseía un enfoque más liviano, al mezclar la clásica historia detectivesca o de misterio con la comedia de alta sociedad. El ingenioso y peculiar matrimonio formado por Nick y Nora Charles, se dedican a resolver crímenes con grandes dosis de humor y sofisticación. La versión cinematográfica dirigida por W. S. Van Dyke le da más protagonismo a la historia detectivesca, y resulta incluso más original que la novela de Hammett, al otorgarle más relevancia al matrimonio Charles y su dinámica de pareja, de esta manera el desarrollo para resolver el crimen, se convierte en algo bastante cercano a la screwball comedy. La adaptación de los guionistas Albert Hackett y Frances Goodrish -marido y mujer en la vida real- coge las mejores frases de la novela de Hammett e improvisa sobre ellas, e introducen algunas nuevas incluso mejores. Con un argumento propio de una novela de Agatha Christie, consiguen crear una historia con identidad propia. Las películas crearon algo de polémica en la época por la afición a la bebida que tenía Nick Charles especialmente, que habitualmente aparece bebiendo. El autor de la novela, de hecho, dejó de escribir por culpa de su alcoholismo. CePpkPpXEAAEWDy Lillian Hellman (The Children's hour), a quien Dashiell Hammett dedicó su novela, confesó que el matrimonio Charles estaba inspirado en su larga relación con él. Seguramente una versión más romántica y emocionante de lo que en realidad fue su difícil relación de más de tres décadas. El director W. S. Van Dyke era conocido por ser rápido y eficiente. Van Dyke confió en Myrna Loy y William Powell pese a las serias dudas del productor Louis B. Mayer, jefe de la MGM -según algunas biografías, Mayer tenía bajo contrato a Powell pero no creía que la combinación Powell-Loy resultara verosímil, le avisó al realizador que sólo le dejaría rodarla con ellos si terminaba la película en dos semanas-, el director siempre creyó en el buen funcionamiento de ambos actores como pareja cómica. Acertó completamente, cuando la película se estrenó en Mayo de 1934 se convirtió en un gran éxito -que posiblemente sorprendió al Estudio MGM-, era el perfecto entretenimiento para no pensar en la Gran Depresión. El filme estaría nominado a cuatro Oscar -Mejor película, Mejor actor, Mejor guión y Mejor director-. Se hicieron 5 secuelas más. El público no se cansaba de la memorable pareja cómica William Powell-Myrna Loy. Incluso se estrenaron varios spin-offs para televisión -que contaban con una pareja distinta de actores protagonistas-. The Thin Man introdujo un nuevo modelo de matrimonio en la cultura popular americana, Nick era el detective pero en general mantenía una relación de igual a igual con Nora -es decir, Myrna no era la esposa sumisa, tenía una personalidad marcada, era encantadora pero al mismo tiempo, temperamental e inteligente-, y tenía un papel activo en la resolución de los casos. En la novela Hammett es bastante más explícito en el terreno sexual que en la película de Van Dyke -hay una escena, donde Nora le pregunta a Charles, si tuvo una erección al abrazar a una sospechosa, y él le responde, Un poco-. La película no va tan lejos, pero sí deja entrever indicios de que son dos criaturas ardientes. Por culpa de la implantación del código Hays, el tono pícaro de la primera entrega fue suavizado en las siguientes. Son historias sencillas -pero altamente efectivas- a mayor gloria de una pareja de intérpretes sobrados de talento, carisma y clase. tumblr_ltqfdkL0t31r33ixko1_540 ANOTHERTHINMAN_00454847_1052x822_080620071614


Curiosidades
  • El sistema de estudios era tremendamente esclavista, su dureza se notaba especialmente con las estrellas. Además, de estar atadas por contrato durante unos años y un número determinado de películas, se las explotaba haciéndolas trabajar demasiadas horas por un sueldo insuficiente -en muchas ocasiones, el salario que percibían no estaba a la altura de los beneficios que obtenían por ellas-. Era muy frecuente que los actores se quejasen por el trato recibido y demandaran una subida salarial -Bette Davis, Olivia de Havilland, Elizabeth Taylor, James Cagney...-, además de todo esto, solía suceder, que el Estudio que les representaba los encasillaba en un perfil muy concreto de personaje. Myrna Loy fue uno de ellos. Dejó de trabajar durante un año para la MGM con la firme intención de disfrutar de un aumento de salario, que se ajustara a lo que ella creía que merecía como estrella. Al final, Loy ganó la partida.
 
  • Cuando filmaron la primera entrega de The Thin Man en 1934, Myrna Loy tenía 29 años y William Powell, 42. Se llevan 13 años entre sí. La MGM consideraba que Powell era demasiado mayor para dar vida a Nick Charles, y que Myrna estaba encasillada en papeles de mujer fatal. Curiosamente, Powell tuvo parejas bastante más jóvenes que él en la vida real. Se casó en tres ocasiones -su última esposa, la actriz Diana Lewis con la que duró 44 años, era 26 años menor que él-. Por su parte, Loy se casó y se divorció 4 veces.
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martes, 8 de septiembre de 2015

Claudette Colbert, reina de la comedia romántica clásica (II)

MEDIANOCHE (Mitchell Leisen, 1939)
  Por Mari Carmen Fúnez Galán.


Cuando en 1939 Claudette Colbert protagonizó Medianoche, ya llevaba tras de sí una carrera fulgurante tanto en la comedia como en el drama con títulos tan conocidos como Cleopatra o Sucedió una noche, gracias a la cual ganó su primer Oscar. Su vis cómica, su naturalidad a la hora de actuar, su rostro siempre risueño y pícaro, su elegancia sin altivez y un físico que sin ser espectacular como las grandes bellezas de la época despertaba simpatías a su paso, la hacían perfecta para interpretar personajes marcados por el descaro, la coquetería y el desparpajo como es el de la protagonista de Medianoche. Y es por eso que no podemos imaginar a otra actriz en el papel de Eve Peabody.
 
Eve es una buscavidas americana que acaba de perder todo su dinero en el casino de Montecarlo, y que llega a París en un tren con un vestido de fiesta y 25 centavos en el monedero como único equipaje. Pero París no es ni mucho menos la ciudad luminosa y lujosa que una Cenicienta espera encontrar. Llueve a cántaros y no parece que ningún príncipe azul vaya a acudir en su rescate, hasta que un taxista se apiada de ella y la lleva de club en club en busca de un trabajo como cantante. Lo infructuoso de su búsqueda y el cansancio hace que entre los dos se cree una conexión especial que se rompe cuando ella huye precisamente de lo que se aventura como una vida humilde junto a él, y se cuela en una fiesta de la alta sociedad parisina haciéndose pasar por una baronesa europea. A partir de ese momento se suceden una serie de enredos y malentendidos que la llevarán a formar parte de esa burguesía decadente mientras el taxista se desvive por encontrarla.
 


Medianoche se engloba dentro del subgénero de la screwball comedy que hicieron furor en los años dorados de Hollywood, unas películas aparentemente livianas, plagadas de romances alocados y situaciones más delirantes aún, que escondían un cinismo y una crítica normalmente centrada en las clases sociales altas y en la cultura de la apariencia. Sin duda, el que detrás del guión de Medianoche se encuentre uno de los mayores cínicos (en el buen sentido) del cine de todos los tiempos, el gran Billy Wilder, ayudó a que, aun siendo una de las comedias menos conocidas de los años 30, se convirtiera en la más redonda de todas las que filmó Mitchell Leisen.
 
En ella se incluyen todos los elementos propios de la screwball con el aliciente de un guión que, por muy alocado que parezca el argumento, es capaz de mantener siempre una coherencia absoluta entre la historia que cuenta y las críticas que subyacen en ella. De esto último da fe el contraste entre escenas como la del baile en el bar al que acuden los taxistas parisienses, desinhibida, alegre y cargada de espontaneidad, con la que tiene lugar en la mansión de los Flammarion en Versalles calculada al milímetro en su coreografía y llena de impostura. La comedia, por el contrario, se va construyendo a base de entre mentiras que se cuentan para tapar otras mentiras, haciendo cada vez más grande la bola de engaños en la que se ven inmersos los protagonistas, con escenas hilarantes como la de la falsa llamada de teléfono a Budapest, o la de una convincentemente enredadora Claudette Colbert explicando a sus anfitriones la supuesta locura de su supuesto marido.
 

 
Pero si Colbert brilla más que nunca en Medianoche, no se quedan atrás un Don Ameche enamorado, celoso y tierno, capaz de movilizar a todos los taxistas de París para encontrar a su Cenicienta, y sobre todo un John Barrymore divertidísimo y punzante en uno de sus últimos papeles. Todo ello hace de Medianoche una de las mejores comedias de la historia de Hollywood que es necesario reivindicar para situarla en el lugar que merece.
 
 
Adelante mi amor (Mitchell Leisen, 1940)
 Por Ana Igareta Gómez.
 
 
“Arise my love” es una de las películas más brillantes de Mitchell Leisen ese director tan interesante como poco reconocido a nivel popular, con el que Claudette Colbert realizaría cuatro películas: “Medianoche” (1939), “Adelante mi amor” (1940), “No hay tiempo para amar” (1943) y “Bodas blancas” (1944).
Es ésta una película en la que se cruzan varios de los mayores talentos del Hollywood de la época: el de Mitchel Leisen detrás de la cámara, el del tándem Charles Brackett y Billy Wilder en el guion, el de Victor Young en la música o el de Claudette Colbert y Ray Milland (ambos debilidades personales), delante de la cámara.
Basada en un relato del escritor húngaro János Szélely (escrito bajo el pseudónimo de John S. Tuddy, Szélely es uno de los muchos talentos húngaros que “invadieron” Hollywood tras el final de la Primera Guerra Mundial, exiliados políticos tras la instauración de gobierno procomunista de Bèla Kun) y del irlandés Benjamin Glazer, ambos participarán en una primera redacción del guion, en el que también intervendrán Jacques Tery y Ketti Frings. El tándem Charles Brackett y Billy Wilder le darán su forma definitiva, rescribiendo toda la parte final. Supone esta película la segunda colaboración de Brackett y Wilder con Leisen (tras la excepcional “Medianoche”, 1939), con quien repetirán en el melodrama “Sino amaneciera” (1941). La historia se basa en hechos reales, las intrigas de la amante de un piloto norteamericano de las Brigadas Internacionales encarcelado en España en plena guerra civil por el bando sublevado para que éste no fuera ejecutado.
La película es una crítica total a la política de no intervención estadounidense en la Segunda Guerra Mundial y una arenga pro intervención bajo las formas de una deliciosa comedia con toques de la mejor screwball comedy. Ray Milland (delicioso actor de comedia) es Tom Martin el aviador americano que es detenido y encarcelado en Burgos por ayudar a la causa republicana, donde espera su ejecución. Claudette Colbert es Augusta Nash, la periodista de guerra que lo liberará engañando a las autoridades españolas. En su ánimo más que cuestiones humanitarias cuenta su ambición profesional, la idea de conseguir una buena historia que le de relevancia profesional. Aquí comienzan los enredos y juegos amorosos. Milland se enamora de su heroína mientras ella, también atraída por él, rehúye en busca de un gran futuro profesional. Así comienza un juego del gato y el ratón por escenarios europeos con el avance nazi en Europa como telón de fondo. Claudette da forma al prototipo femenino que ella mejor encarna en el cine y siempre con eficiencia: el de la mujer moderna, independiente e inteligente que tiene que enfrentarse a los dilemas del amor. Ray Milland es el personaje entrañable, pícaro y cándido a la vez (una mezcla del Jimmy Stewart y Gary Cooper de los años 30) que la pone al borde del abismo.
A pesar de los momentos frívolos  y el tono ligero el trasfondo amargo de la guerra está siempre presente, a través de diálogos mordaces y certeros. En la parte final se hace evidente la imposibilidad de vivir y de amar dando la espalda a lo que está sucediendo, a una batalla crucial para la historia de la Humanidad. La película no se estrenará en España por su visión negativa del bando sublevado y marcado corte antifascista.
 
 
 
 
No hay tiempo para amar (Mitchell Leisen, 1943)
 Por Juan Murillo Bodas.
 
 
 
 
Situada dentro del género de la comedia romántica “No time for love” es una producción de uno de los grandes estudios norteamericanos: la Paramount Pictures y fue realizada por uno de los directores especialistas del género: Mitchell Leisen, director que goza de poco prestigio en la actualidad pero que fue en su momento uno de los directores más importantes del citado estudio debido a que sus películas gozaron de gran éxito. Fue estrenada en un periodo en el que Leisen estaba empezando a agotar su fórmula de comedia sofisticada e inteligente con toques de screwball-comedy que ya había dado su buen rendimiento con películas como Hands Across the Table (Candidata a millonaria (1935); Easy living (Una chica afortunada) (1937) o su obra maestra en el género Midnight (Medianoche) (1939) . No time for love basada en una historia original de Robert Lees y con guión de Claude Binyon y Warren Duff nos cuenta la historia de Katherine Grant( Claude Colbert) una brillante fotógrafa de moda altiva que está prometida con Henry Fulton (Paul McGrath), pero todo cambia cuando un día conoce a un apuesto trabajador de la construcción Jim Ryan (Fred MacMurray) mientras realiza un reportaje fotográfico en un túnel.
 
La película, que posee una impecable puesta en escena, como es habitual en Leisen, cuenta con una estupenda música de aires románticos de Victor Young y con un director de fotografía destacado: Charles Lang, que adecúa perfectamente la luz a las diferentes escenas rios en los que se desarrolla la película… todos los aspectos artísticos están cuidados a la perfección, tanto los decorados, como los trajes de los actores, una de las marcas de estilo de Leisen. Sin embargo, pese a que los actores protagonistas: Claudette Colbert y Fred MacMurray están muy bien en sus papeles y hay una gran química entre ellos, el guión es algo previsible y pese a poseer un par de giros interesantes en el guión, hay demasiados momentos en la película en los que la acción no avanza con la consecuente falta de ritmo. Tampoco ayuda que los actores secundarios tienen escasa importancia, cuando nor- malmente las comedias norteamericanas clásicas destacan por la presencia de actores que enriquecen la trama de la película, Aquí ni Paul McGrath, ni June Havoc interpretando a la exhuberante Darlene ni Richard Haydn acompañante amanerado y divertido de Katherine Grant tienen suficiente presencia en el desarrollo de la película. Competente comedia, bien realizada y con dos estrellas de la comedia romántica como Claude Colbert y Fred MacMurray, que volverán a trabajar posteriormente con Leisen. La excesiva dependencia de Leisen respecto a los guiones ajenos que filmaba hacen que en este caso el resultado no sea tan brillante como en otras estupendas comedias escritas por Preston Sturges o el tándem Billy Wilder/Charles Brackett en las que Leisen modificaba diálogos y los acoplaba a su elegante puesta en escena. A pesar de todo es una comedia interesante y que se sigue con cierto interés.
 
 
 
Tempestad en la cumbre (Douglas Sirk, 1951)
  Por Joseph B Macgregor.
 

 
 
Si algo demuestra “Tempestad en la cumbre (Thunder on the Hill, Douglas Sirk, 1951)” es la capacidad camaleónica de la gran Claudette Colbert, capaz de convertirse por derecho propio en una de las grandes damas de la alta comedia norteamericana, y a la vez poder interpretar con convicción y eficacia tanto a una sexual y sensual Cleopatra (“Cleopatra,” Cecil B. DeMille, 1934) como a una mujer totalmente opuesta a ésta: la Hermana Mary Bonaventura, protagonista estelar de este desconocido pero muy apreciable film de un  Douglas Sirk, anterior a sus grandes y excelsos melodramas en color realizados a mediados de los años 50.
 
 
El guion de “Tempestad en la cumbre - a cargo de Oscar Saul y Andrew Solt - adaptaba una obra de teatro firmada por Charlotte Hastings y que fue estrenada como “Bonaventura”, es decir el nombre de la hermana protagonista de la trama. En esta se mezcla el melodrama ambientado en monasterio de monjas (en este caso un monasterio-hospital) con una intriga detectivesca, interesante pero algo pueril (el culpable se adivina desde prácticamente el momento en que se plantea el asunto).  
 
Lo primero que destaca en el film es el buen hacer de la Colbert, nos ofrece una interpretación sobria y eficaz de esta religiosa metida a investigadora, inteligente e intrépida pero a la vez torturada por la culpabilidad que siente por el suicidio de su hermana. Este sentimiento es la que la induce a creer en la inocencia de una joven condenada a muerte por el asesinato de su hermano (una más que convincente  Ann Blyth) y a tratar de salvarla de la pena de muerte.  Sin embargo, nos encontramos con una de esas películas en la que uno percibe más que nunca que cada actor y actriz representan el rol más adecuado. Igual de convincentes resulta el resto del reparto de secundarios hasta el punto de que da la impresión de que la gran Gladys Cooper es en realidad la Madre Superiora, la sorprendente Connie Gilchrist como la Hermana cocinera Josephine, que efectivamente parece nacida para representar este papel  o Michael Pate que se ocupa de dar humanidad al retrasado ayudante Willie, tan impulsivo como bondadoso.
 
 
Otro aspecto destacable de este Sirk menor es el inteligente uso que el realizador hace de la escenografía. Aunque el guion parte de una obra de teatro en ningún momento tenemos la sensación de estar asistiendo a una representación teatral, ni siquiera aunque la trama se ubique en un 80 % en un espacio cerrado, debido a que el escenario es utilizado de tal manera – la hábil combinación de luces y sombras, la importancia del decorado dentro del encuadre del plano – que en algunos momentos el film desprende una sobrecogedora atmosfera de cuento gótico o de terror. Hay secuencias (la del campanario) que nos evoca de inmediato a la muy posterior Vértigo (De entre los muertos)” de Hitchcock o las exteriores que se desarrollan en un ambiente nebuloso que nos trasladan a la época dorada del cine de terror de la Universal, productora también de esta película.
En  definitiva, “Tempestad en la cumbre resulta un film agradable de ver, que se sigue con interés ya que está bien contado y que posee además un elegante e inteligente uso de la puesta en escena, uno de los puntos fuertes del film sin duda alguna. Nos ofrece además un más que excelente elenco actoral, con la Colbert a la cabeza, que son capaces de defender con solvencia una trama entretenida, que te mantiene absorbido durante ochenta minutos pero con un desenlace anunciado que depara pocas sorpresas al espectador.
 

 

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