viernes, 6 de septiembre de 2013

Douglas Sirk, el maestro del melodrama por excelencia

“En sus películas las mujeres piensan. Y esto es algo que jamás me ha llamado la atención en otros cineastas. En ningún otro. Frecuentemente muestran mujeres que reaccionan y se comportan como se supone que deben hacerlo las mujeres, pero en las de Douglas Sirk piensan. Hay que ver esto. Es maravilloso ver pensar a las mujeres. Da esperanzas. Francamente''. Rainer Werner Fassbinder.



Douglas Sirk fue un cineasta alemán (nacido como Hans Detlef Sierck), hijo de padres daneses, era una persona muy culta, poseía una amplia formación académica (contaba con tres carreras finalizadas: Derecho, Historia del Arte y Filosofía) y fue un gran cinéfilo desde su infancia, ejerció en sus comienzos de director teatral en Chemnitz, Hamburgo, Bremen y Leipzig, representando clásicos en las tablas. Además, en 1934, fue contratado por la productora alemana UFA, rodando sus primeros films en Alemania, de los cuales, el más conocido es ''La Habanera'', protagonizado por la estrella del cine nazi Zarah Leander. Pero Sirk decidió finalmente, emigrar a USA en 1937, ante el intrusismo de los nazis en su trabajo y por sus ideas políticas, era un cineasta progresista que se posicionaba en contra del nazismo. Desarrolló la mayor parte de su carrera en Estados Unidos bajo el amparo de Universal Pictures, aunque incursionó en una gran variedad de géneros (de hecho, sus primeros trabajos fueron comedias, dramas bélicos e historias de aventuras y posteriormente, incluso se atrevió con el noir y el musical), los melodramas definieron su extensa trayectoria (deslumbrantes, la mayoría), demostrando ampliamente, dominar un género tan propenso a la exageración y manipulación emocional (la descarada búsqueda de la lágrima fácil, recurso que resulta falso, Sirk siempre abordó el melodrama con enorme tino y delicadeza), lo dotó de una sensibilidad y buen hacer apabullantes, sin traspasar la fina línea que separa lo conmovedor de lo edulcorado. Imitado (por Pedro Almodóvar, fan del realizador, que en algunas ocasiones, utilizó sus films para ''inspirarse'', el caso más obvio fue ''La flor de un secreto'', que posee evidentes reminiscencias con la mejor cinta de Sirk, ''Imitación a la vida'' o por Todd Haynes con ''Lejos del cielo'', que es un reconocido homenaje desde el infinito respeto a su obra, por citar sólo dos ejemplos) pero nunca igualado.



Universal le daba cierta libertad, en la forma de filmar sus películas y hasta le permitía reescribir los guiones, pero a cambio, debería de doblegarse a una serie de condiciones: estaba obligado por contrato a rodar los films que el estudio le ofrecía o a escoger entre algunas películas de encargo, a seguir la línea editorial de la productora y a conseguir que sus cintas fuesen éxitos de taquilla. El propio cineasta, se definía como un doblegador de historias, es decir, un realizador que intenta llevar a su terreno personal, guiones que a menudo, están alejados de sus intereses: ''Si tienes un mal guión, puedes quemarlo o salvarlo. Me daban un guión y me decían... 'Aquí tienes esta historia, tienes una estrella, trata de sacar algo de esta basura'. Pues muy bien, eso hace que tu imaginación se ponga a trabajar''.

En sus películas, todo encajaba a la perfección (el estilo visual, la trama, la música, sus repartos, la dirección...) y en general, tenía una excelente mano para sus actores, en especial, para dirigir a sus actrices, muchas brillaban, resaltar sobre todo a Lana Turner por ''Imitación a la vida'', a mi adorada Barbara Stanwyck por ''Siempre hay un mañana'', a Lauren Bacall y Dorothy Malone por ''Escrito sobre el viento'' y a Jane Wyman por ''Obsesión'' y por ''Sólo el cielo lo sabe'', todas magníficas en sus respectivos excelsos largometrajes. Incluso, supo sacarle el mayor rendimiento a un actor limitado como fue Rock Hudson, con el que colaboró hasta en ocho ocasiones.
Curiosamente, algunas de sus películas, eran remakes de cintas de John M. Stahl (la estupenda ''Que el cielo la juzgue'' fue su película más sobresaliente y reconocible), pero él incluso superaba a su antecesor, con su inusitada habilidad para el melodrama. Lo considero pues, un maestro en un género con tendencia al exceso formal e interpretativo, él supo realizar películas que mantuviesen la contención necesaria en todos los aspectos importantes, sus cintas son sutiles y exudan autenticidad por los cuatro costados y encandilan al cinéfilo, con una belleza cautivadora y poética en cada plano.

Fassbinder y Godard, fueron dos de los directores que se rindieron al desbordante talento de Douglas Sirk, el alemán dejó el cine de Hollywood debido al agotamiento y a que cayó enfermo en 1959, tras realizar su última película en tierras americanas ''Imitación a la vida'', que la considero, su película más lograda. Se exilió primero en Alemania y luego en Suiza, retomaría su vertiente teatral en Munich ocasionalmente y acabaría falleciendo en 1987. Su  magnífica filmografía no fue especialmente aplaudida a nivel crítico en su momento (sus películas eran consideradas banales y artificiosas), aunque gozaba de una considerable aceptación del público, pero con el paso de tiempo, se le ha ido reconociendo y se ha convertido en un director de culto. En los 70, se le redescubrió, los críticos aseguraban que fue un implacable observador del ''american way of life'', dando una visión mordaz sobre el estilo de vida americano, durante su expansión y su decadencia, su revaloración fue motivada en gran medida, por la revista francesa ''Cahiers du Cinema'', por ejemplo, en las líneas de esta mítica publicación, Godard se deshacía en elogios hacia ''Tiempo de amar, tiempo de morir'' (en la época, en la cual, el genial realizador, estaba a punto de debutar en el cine, con la magnífica ''Al final de la escapada'') y por otro lado, Fassbinder se declaró ferviente admirador de su obra, que además influyó en su propia trayectoria. Aunque algunas películas de Sirk abordan la crítica social, va todavía más allá, pretendiendo reflexionar sobre la infelicidad y problemas de sus personajes, que se esconden, bajo la máscara de las apariencias, en el fondo, la mayoría de sus criaturas se sienten vacías y buscan desesperadamente el amor y la comprensión. En mi opinión, la melancolía inunda gran parte de sus melodramas. Sirk dominaba de manera sobresaliente la imagen, su poderío visual es una de sus señas de identidad más características (gran amante de la pintura, su colorida técnica bebía de las obras de Daumier y Delacroix, aunque existen estudios que lo relacionan con Velázquez) y también le otorgaba una importancia considerable a los objetos: como espejos, etc.


 “No se pueden hacer películas sobre las cosas, sólo se pueden hacer películas con cosas, con personas, con luz, flores, espejos, sangre y con todas las cosas fantásticas que hace que la vida valga la pena ser vivida”.

"La historia no es realmente importante, sino el lenguaje, y en cine el lenguaje se hace con la cámara".


Otro realizador que también se especializó en este género y lo desarrolló con gran solvencia fue el alemán Max Ophuls, ''Carta de una desconocida'' y ''Madame de...'', son dos joyas indiscutibles. Siguiendo la estela del mejor melodrama clásico, existen otros cineastas más recientes en el tiempo, que supieron plasmar con un grandísimo acierto ese poderoso sentimiento tan universal pero tan complejo y destructivo en sí mismo, como es el amor, François Truffaut es uno de los casos más destacables, aunque no se limitó a un sólo género en concreto, exploró de manera extraordinaria, los intrincados laberintos del amor y la pasión en cintas como las magníficas ''Las dos inglesas y el amor'', ''La sirena del Mississippi'', ''El último metro'', ''La piel suave'' o en ''Jules et Jim'', haciendo gala de un gusto exquisito a la hora de narrar sus historias, fue un director que se consideraba cinéfilo antes que realizador y en su magistral trayectoria, dió amplias muestras de su potencial y de su versatilidad.


 


Es bastante notoria, la proliferación de talentos europeos o de orígenes del viejo continente en el Hollywood dorado, veo que el cine americano siempre tendió a adoptar a cineastas extranjeros para enriquecer su cinematografía, de hecho, en el cine actual estadounidense, ante su notable decadencia por falta de ideas originales, surgen incesantes remakes de cintas europeas y en ocasiones, los pocos directores mainstream que son garantía de calidad no son completamente americanos, como Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, etc. El cine más innovador y estimulante surgido en USA, últimamente, es el independiente, el que no tiene que plegarse tanto a las exigencias comerciales de la productora de turno y posee más libertad artística a la hora de trasladar sus historias a la pantalla. Pero soy de la creencia, que el cine más interesante que se hace actualmente proviene en general, de fuera de territorio yanqui, como de Europa, Asia o Latinoamérica. Los tiempos de esplendor de la cinematografía americana ya han pasado de largo, hay algunas excepciones, pero el panorama de hoy en día es desalentador, plagado de remakes, adaptaciones, reboots, biopics, etc. Ante esta alarmante situación, servidora no puede más, que visionar los clásicos y maravillarse con ellos, pocas cintas antiguas me han decepcionado. Sin embargo, cada vez, me cuesta más, encontrar películas recientes, que realmente merezcan la pena, sobre todo en cuanto a cine americano se refiere, ya que, el cine europeo (y el cine francés, en particular) suele sorprenderme y convencerme en general, ya que mantiene un excelente nivel medio.


Para los amantes del mejor melodrama, Douglas Sirk es el cineasta ideal, seguramente disfrutarán enormemente con sus bellísimas películas.

“El melodrama tiene que producir ante todo emociones, más que acciones. Sin embargo, la emoción es una suerte de acción, es una acción en el interior de una persona”.



 Filmografía destacada

''Imitación a la vida''
''Siempre hay un mañana''
''Obsesión''
''Escrito sobre el viento''
''Sólo el cielo lo sabe''
''Tiempo de amar, tiempo de morir''


Curiosidades

 Douglas Sirk por R. W. Fassbinder

 “El cine es un campo de batalla“, dice Samuel Fuller, que una vez escribió un guión para Douglas Sirk, en una película de Jean-Luc Godard, el cual poco antes de rodar Al final de la escapada (À  bout de souffle, 1960), escribió un homenaje a la película Tiempo de amar, tiempo de morir (A Time to Love and a Time to Die, 1958), de Douglas Sirk.

Da igual quién sea, Godard o Fuller, cualquier otro o yo, nadie le llega a la suela del zapato. Sirk dijo que el cine es sangre, lágrimas, violencia, odio, muerte y amor. Y Sirk hizo películas, películas con sangre, con lágrimas, con violencia, con odio, películas con muerte y películas con amor. Sirk dijo que las películas no pueden hacerse sobre algo, que sólo pueden hacerse con algo, con personas, con luz, con flores, con espejos, con sangre, con todas esas cosas locas que valen la pena. Además dijo que la iluminación y el enfoque son la filosofía del director. Y Douglas Sirk hizo las películas más tiernas que conozco, películas de alguien que ama a las personas y no las desprecia como nosotros. Una vez, Darryl F. Zanuck le dijo: “La película tiene que gustar, sea en Kansas City o en Singapur”. Vaya locura, América, ¿no?
La abuela de Douglas Sirk escribía poemas y tenía el cabello negro. Douglas todavía se llamaba Detlev y vivía en Dinamarca. Y ocurre que alrededor de 1910 los países nórdicos producían sus propias películas, sobre todo grandes dramas humanos. Y el pequeño Detlev iba con su abuela poeta a un minúsculo cine danés. Y los dos lloraban y lloraban por la trágica muerte de Asta Nielsen y muchas otras bellas muchachas con la cara maquillada de blanco. Tenían que llorar en secreto, pues Detlev Sierk debía convertirse en un erudito en el sentido de la tradición alemana, recibir una educación humanista. Así que un día sustituyó el amor a Asta Nielsen por el amor a Clitemnestra. Hizo teatro en Alemania, en Bremen, en Chemnitz, Hamburgo y Leipzig; era instruido y tenía cultura. Fue amigo de Max Brod, conoció a Kafka, etc. Se le abría una carrera que hubiera podido conducirle a dirigir Residenztheatre, en Munich. Pero no. En 1937, después de haber rodado ya algunas películas para la UFA en Alemania, Detlev Sierk emigró a América, se convirtió en Douglas Sirk e hizo películas que en Alemania, como mucho, darían risa a la gente de su nivel cultural (…)
Al intentar escribir sobre estas seis películas de Douglas Sirk, he descubierto qué difícil es escribir sobre películas que tratan de la vida, que no son literatura. He omitido muchas cosas que quizá serían más importantes. He hablado demasiado poco de
la iluminación, de lo esmerada que es o de cómo ayuda a Sirk a transformar las historias que tenían que contar. Y que, aparte de él, solo Josef von Sternberg es tan bueno con la iluminación. Y he hablado demasiado poco de los espacios que Douglas Sirk crea. Lo extraordinariamente exactos que son. He analizado poco la importancia de las flores y de los espejos y de lo importantes que son para las historias que Sirk nos cuenta. He acentuado demasiado poco que Sirk es un director que consigue de los actores los máximos resultados. Que gracias a Sirk incluso cotorras como Marianne Koch o Liselote Pulver devienen personas a las que creemos y deseamos creer. Y, finalmente, he visto demasiado pocas películas. Quisiera verlas todas, las treinta y nueve que Sirk hizo. Y entonces quizá continuaría conmigo, con mi vida, con mis amigos. He visto seis películas de Douglas Sirk. De las más bellas del mundo.
Febrero de 1971
R. W. Fassbinder
 
Para ver el texto completo, aquí.

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