martes, 8 de septiembre de 2015

Claudette Colbert, reina de la comedia romántica clásica (II)

MEDIANOCHE (Mitchell Leisen, 1939)
  Por Mari Carmen Fúnez Galán.


Cuando en 1939 Claudette Colbert protagonizó Medianoche, ya llevaba tras de sí una carrera fulgurante tanto en la comedia como en el drama con títulos tan conocidos como Cleopatra o Sucedió una noche, gracias a la cual ganó su primer Oscar. Su vis cómica, su naturalidad a la hora de actuar, su rostro siempre risueño y pícaro, su elegancia sin altivez y un físico que sin ser espectacular como las grandes bellezas de la época despertaba simpatías a su paso, la hacían perfecta para interpretar personajes marcados por el descaro, la coquetería y el desparpajo como es el de la protagonista de Medianoche. Y es por eso que no podemos imaginar a otra actriz en el papel de Eve Peabody.
 
Eve es una buscavidas americana que acaba de perder todo su dinero en el casino de Montecarlo, y que llega a París en un tren con un vestido de fiesta y 25 centavos en el monedero como único equipaje. Pero París no es ni mucho menos la ciudad luminosa y lujosa que una Cenicienta espera encontrar. Llueve a cántaros y no parece que ningún príncipe azul vaya a acudir en su rescate, hasta que un taxista se apiada de ella y la lleva de club en club en busca de un trabajo como cantante. Lo infructuoso de su búsqueda y el cansancio hace que entre los dos se cree una conexión especial que se rompe cuando ella huye precisamente de lo que se aventura como una vida humilde junto a él, y se cuela en una fiesta de la alta sociedad parisina haciéndose pasar por una baronesa europea. A partir de ese momento se suceden una serie de enredos y malentendidos que la llevarán a formar parte de esa burguesía decadente mientras el taxista se desvive por encontrarla.
 


Medianoche se engloba dentro del subgénero de la screwball comedy que hicieron furor en los años dorados de Hollywood, unas películas aparentemente livianas, plagadas de romances alocados y situaciones más delirantes aún, que escondían un cinismo y una crítica normalmente centrada en las clases sociales altas y en la cultura de la apariencia. Sin duda, el que detrás del guión de Medianoche se encuentre uno de los mayores cínicos (en el buen sentido) del cine de todos los tiempos, el gran Billy Wilder, ayudó a que, aun siendo una de las comedias menos conocidas de los años 30, se convirtiera en la más redonda de todas las que filmó Mitchell Leisen.
 
En ella se incluyen todos los elementos propios de la screwball con el aliciente de un guión que, por muy alocado que parezca el argumento, es capaz de mantener siempre una coherencia absoluta entre la historia que cuenta y las críticas que subyacen en ella. De esto último da fe el contraste entre escenas como la del baile en el bar al que acuden los taxistas parisienses, desinhibida, alegre y cargada de espontaneidad, con la que tiene lugar en la mansión de los Flammarion en Versalles calculada al milímetro en su coreografía y llena de impostura. La comedia, por el contrario, se va construyendo a base de entre mentiras que se cuentan para tapar otras mentiras, haciendo cada vez más grande la bola de engaños en la que se ven inmersos los protagonistas, con escenas hilarantes como la de la falsa llamada de teléfono a Budapest, o la de una convincentemente enredadora Claudette Colbert explicando a sus anfitriones la supuesta locura de su supuesto marido.
 

 
Pero si Colbert brilla más que nunca en Medianoche, no se quedan atrás un Don Ameche enamorado, celoso y tierno, capaz de movilizar a todos los taxistas de París para encontrar a su Cenicienta, y sobre todo un John Barrymore divertidísimo y punzante en uno de sus últimos papeles. Todo ello hace de Medianoche una de las mejores comedias de la historia de Hollywood que es necesario reivindicar para situarla en el lugar que merece.
 
 
Adelante mi amor (Mitchell Leisen, 1940)
 Por Ana Igareta Gómez.
 
 
“Arise my love” es una de las películas más brillantes de Mitchell Leisen ese director tan interesante como poco reconocido a nivel popular, con el que Claudette Colbert realizaría cuatro películas: “Medianoche” (1939), “Adelante mi amor” (1940), “No hay tiempo para amar” (1943) y “Bodas blancas” (1944).
Es ésta una película en la que se cruzan varios de los mayores talentos del Hollywood de la época: el de Mitchel Leisen detrás de la cámara, el del tándem Charles Brackett y Billy Wilder en el guion, el de Victor Young en la música o el de Claudette Colbert y Ray Milland (ambos debilidades personales), delante de la cámara.
Basada en un relato del escritor húngaro János Szélely (escrito bajo el pseudónimo de John S. Tuddy, Szélely es uno de los muchos talentos húngaros que “invadieron” Hollywood tras el final de la Primera Guerra Mundial, exiliados políticos tras la instauración de gobierno procomunista de Bèla Kun) y del irlandés Benjamin Glazer, ambos participarán en una primera redacción del guion, en el que también intervendrán Jacques Tery y Ketti Frings. El tándem Charles Brackett y Billy Wilder le darán su forma definitiva, rescribiendo toda la parte final. Supone esta película la segunda colaboración de Brackett y Wilder con Leisen (tras la excepcional “Medianoche”, 1939), con quien repetirán en el melodrama “Sino amaneciera” (1941). La historia se basa en hechos reales, las intrigas de la amante de un piloto norteamericano de las Brigadas Internacionales encarcelado en España en plena guerra civil por el bando sublevado para que éste no fuera ejecutado.
La película es una crítica total a la política de no intervención estadounidense en la Segunda Guerra Mundial y una arenga pro intervención bajo las formas de una deliciosa comedia con toques de la mejor screwball comedy. Ray Milland (delicioso actor de comedia) es Tom Martin el aviador americano que es detenido y encarcelado en Burgos por ayudar a la causa republicana, donde espera su ejecución. Claudette Colbert es Augusta Nash, la periodista de guerra que lo liberará engañando a las autoridades españolas. En su ánimo más que cuestiones humanitarias cuenta su ambición profesional, la idea de conseguir una buena historia que le de relevancia profesional. Aquí comienzan los enredos y juegos amorosos. Milland se enamora de su heroína mientras ella, también atraída por él, rehúye en busca de un gran futuro profesional. Así comienza un juego del gato y el ratón por escenarios europeos con el avance nazi en Europa como telón de fondo. Claudette da forma al prototipo femenino que ella mejor encarna en el cine y siempre con eficiencia: el de la mujer moderna, independiente e inteligente que tiene que enfrentarse a los dilemas del amor. Ray Milland es el personaje entrañable, pícaro y cándido a la vez (una mezcla del Jimmy Stewart y Gary Cooper de los años 30) que la pone al borde del abismo.
A pesar de los momentos frívolos  y el tono ligero el trasfondo amargo de la guerra está siempre presente, a través de diálogos mordaces y certeros. En la parte final se hace evidente la imposibilidad de vivir y de amar dando la espalda a lo que está sucediendo, a una batalla crucial para la historia de la Humanidad. La película no se estrenará en España por su visión negativa del bando sublevado y marcado corte antifascista.
 
 
 
 
No hay tiempo para amar (Mitchell Leisen, 1943)
 Por Juan Murillo Bodas.
 
 
 
 
Situada dentro del género de la comedia romántica “No time for love” es una producción de uno de los grandes estudios norteamericanos: la Paramount Pictures y fue realizada por uno de los directores especialistas del género: Mitchell Leisen, director que goza de poco prestigio en la actualidad pero que fue en su momento uno de los directores más importantes del citado estudio debido a que sus películas gozaron de gran éxito. Fue estrenada en un periodo en el que Leisen estaba empezando a agotar su fórmula de comedia sofisticada e inteligente con toques de screwball-comedy que ya había dado su buen rendimiento con películas como Hands Across the Table (Candidata a millonaria (1935); Easy living (Una chica afortunada) (1937) o su obra maestra en el género Midnight (Medianoche) (1939) . No time for love basada en una historia original de Robert Lees y con guión de Claude Binyon y Warren Duff nos cuenta la historia de Katherine Grant( Claude Colbert) una brillante fotógrafa de moda altiva que está prometida con Henry Fulton (Paul McGrath), pero todo cambia cuando un día conoce a un apuesto trabajador de la construcción Jim Ryan (Fred MacMurray) mientras realiza un reportaje fotográfico en un túnel.
 
La película, que posee una impecable puesta en escena, como es habitual en Leisen, cuenta con una estupenda música de aires románticos de Victor Young y con un director de fotografía destacado: Charles Lang, que adecúa perfectamente la luz a las diferentes escenas rios en los que se desarrolla la película… todos los aspectos artísticos están cuidados a la perfección, tanto los decorados, como los trajes de los actores, una de las marcas de estilo de Leisen. Sin embargo, pese a que los actores protagonistas: Claudette Colbert y Fred MacMurray están muy bien en sus papeles y hay una gran química entre ellos, el guión es algo previsible y pese a poseer un par de giros interesantes en el guión, hay demasiados momentos en la película en los que la acción no avanza con la consecuente falta de ritmo. Tampoco ayuda que los actores secundarios tienen escasa importancia, cuando nor- malmente las comedias norteamericanas clásicas destacan por la presencia de actores que enriquecen la trama de la película, Aquí ni Paul McGrath, ni June Havoc interpretando a la exhuberante Darlene ni Richard Haydn acompañante amanerado y divertido de Katherine Grant tienen suficiente presencia en el desarrollo de la película. Competente comedia, bien realizada y con dos estrellas de la comedia romántica como Claude Colbert y Fred MacMurray, que volverán a trabajar posteriormente con Leisen. La excesiva dependencia de Leisen respecto a los guiones ajenos que filmaba hacen que en este caso el resultado no sea tan brillante como en otras estupendas comedias escritas por Preston Sturges o el tándem Billy Wilder/Charles Brackett en las que Leisen modificaba diálogos y los acoplaba a su elegante puesta en escena. A pesar de todo es una comedia interesante y que se sigue con cierto interés.
 
 
 
Tempestad en la cumbre (Douglas Sirk, 1951)
  Por Joseph B Macgregor.
 

 
 
Si algo demuestra “Tempestad en la cumbre (Thunder on the Hill, Douglas Sirk, 1951)” es la capacidad camaleónica de la gran Claudette Colbert, capaz de convertirse por derecho propio en una de las grandes damas de la alta comedia norteamericana, y a la vez poder interpretar con convicción y eficacia tanto a una sexual y sensual Cleopatra (“Cleopatra,” Cecil B. DeMille, 1934) como a una mujer totalmente opuesta a ésta: la Hermana Mary Bonaventura, protagonista estelar de este desconocido pero muy apreciable film de un  Douglas Sirk, anterior a sus grandes y excelsos melodramas en color realizados a mediados de los años 50.
 
 
El guion de “Tempestad en la cumbre - a cargo de Oscar Saul y Andrew Solt - adaptaba una obra de teatro firmada por Charlotte Hastings y que fue estrenada como “Bonaventura”, es decir el nombre de la hermana protagonista de la trama. En esta se mezcla el melodrama ambientado en monasterio de monjas (en este caso un monasterio-hospital) con una intriga detectivesca, interesante pero algo pueril (el culpable se adivina desde prácticamente el momento en que se plantea el asunto).  
 
Lo primero que destaca en el film es el buen hacer de la Colbert, nos ofrece una interpretación sobria y eficaz de esta religiosa metida a investigadora, inteligente e intrépida pero a la vez torturada por la culpabilidad que siente por el suicidio de su hermana. Este sentimiento es la que la induce a creer en la inocencia de una joven condenada a muerte por el asesinato de su hermano (una más que convincente  Ann Blyth) y a tratar de salvarla de la pena de muerte.  Sin embargo, nos encontramos con una de esas películas en la que uno percibe más que nunca que cada actor y actriz representan el rol más adecuado. Igual de convincentes resulta el resto del reparto de secundarios hasta el punto de que da la impresión de que la gran Gladys Cooper es en realidad la Madre Superiora, la sorprendente Connie Gilchrist como la Hermana cocinera Josephine, que efectivamente parece nacida para representar este papel  o Michael Pate que se ocupa de dar humanidad al retrasado ayudante Willie, tan impulsivo como bondadoso.
 
 
Otro aspecto destacable de este Sirk menor es el inteligente uso que el realizador hace de la escenografía. Aunque el guion parte de una obra de teatro en ningún momento tenemos la sensación de estar asistiendo a una representación teatral, ni siquiera aunque la trama se ubique en un 80 % en un espacio cerrado, debido a que el escenario es utilizado de tal manera – la hábil combinación de luces y sombras, la importancia del decorado dentro del encuadre del plano – que en algunos momentos el film desprende una sobrecogedora atmosfera de cuento gótico o de terror. Hay secuencias (la del campanario) que nos evoca de inmediato a la muy posterior Vértigo (De entre los muertos)” de Hitchcock o las exteriores que se desarrollan en un ambiente nebuloso que nos trasladan a la época dorada del cine de terror de la Universal, productora también de esta película.
En  definitiva, “Tempestad en la cumbre resulta un film agradable de ver, que se sigue con interés ya que está bien contado y que posee además un elegante e inteligente uso de la puesta en escena, uno de los puntos fuertes del film sin duda alguna. Nos ofrece además un más que excelente elenco actoral, con la Colbert a la cabeza, que son capaces de defender con solvencia una trama entretenida, que te mantiene absorbido durante ochenta minutos pero con un desenlace anunciado que depara pocas sorpresas al espectador.
 

Ciclo Vincente Minnelli: ''Cautivos del mal'' (1952)


Por Juan Murillo Bodas.

Extraordinaria y deslumbrante obra maestra de Vincente Minnelli uno de los grandes estilistas del Hollywood clásico que consigue con esta película tal vez su más rotunda obra maestra.. Producida por la Metro-Goldwyn-Mayer, con los mejores profesionales del estudio, contó con la magnífica fotografía de Robert Surtees que ilumina a la perfección tanto a los actores como los magníficos decorados de Cedric Gibbons que reconstruye con gran minuciosidad los interiores en los que se desarrolla la película.

Kirk Douglas y Lana Turner.


La fotografía expresionista pero a la vez fluida y glamourosa, unida a la excelente partitura de David Raksin realzan a la perfección ciertos momentos dramáticos de la película… todo en ella es excelso, desde la puesta en escena hasta todo lo que tiene que ver con el desarrollo de la historia, narrada con gran intensidad y ritmo. * Obra canónica del clasicismo cinematográfico, rica y compleja en interpretaciones y significados, forma parte de ese género aparte de los demás denominado “cine dentro del cine” o “metacine”, mas la habilidad narrativa de Minnelli y de su guionista Charles Schnee les lleva a indagar dentro de los entresijos del mundo del cine, no de una forma intelectual y compleja sino integrando el discurso dentro de un melodrama que contiene numerosas dosis de ironía y de sarcasmo.

Una historia escrita por George Bradshaw titulada “Tribute to a badman” que inicialmente transcurría en el mundo del teatro es trasladada por iniciativa del productor de la película John Houseman al mundo del cine. Houseman, que era un hombre de cine conoció varios oficios dentro de la industria, fundó junto con Orson Welles el Mercury Theatre en 1937, trabajo como productor y guionista para los Estudios Selznick, fue consejero supervisor no acreditado en el guión de Ciudadano Kane, también fue el responsable de la primera obra importante en Hollywood de Max Ophüls Letter from an unknowm woman (Carta de una desconocida) y propicio el debut de Nicholas Ray con la magnífica They live by night (Los amantes de la noche)(1949); ganó un Oscar al mejor actor secundario por Vida de un estudiante (J. Bridges, 1973) y por supuesto aportó todo su talento y todas sus experiencias personales e hizo una gran labor en Cautivos del mal, es más la estructura narrativa tiene algo que ver con Ciudadano Kane al ser como ésta la investigación acerca de una personalidad importante, aunque con algunas variaciones sustanciales. Siguiendo con el asunto del guión, Charles Schnee construye perfectamente la historia de la película en tres partes, que corresponden a tres sucesivos flash-backs, la película se inicia y finaliza en el presente a modo de estructura circular. El enigma que se plantea: ¿Por qué es Jonathan Shields (Kirk Douglas) tan odiado por las personas que estuvieron cerca de él? es desvelado por algunas de las personas que compartieron su vida profesional, sentimental o ambas nos lo cuentan, y digo nos lo cuentan a nosotros los espectadores, porque todo lo que cuentan son los recuerdos del director Fred Amiel (Barry Sullivan); la actriz Georgia Lorrison (Lana Turner) y el escritor de novelas de éxito James Lee Bartlow (Dick Powell) que se materializan en imágenes gracias a la magia del cine. 



La película es también todo un tratado de lo que significa o mejor significaba- ya que la industria del cine ha cambiado mucho- ser un productor cinematográfico durante esos años del Hollywood dorado, comprendido aproximadamente entre los años 30 y los años 50 del pasado siglo XX… un mundo glamouroso y brillante sustentando en el atrayente poder de las grandes estrellas, pero necesitado de productores con talento y cuyas personalidades aparecen reflejadas parcialmente en la película, hombres como David O. Selznick, Darryl F. Zanuck o Val Lewton este último ingenioso y brillante productor de importantes películas con presupuestos más modestos. … Hombres cruciales para que esas grandes obras maestras lograrán realizarse. No solo eran hombres que administraban el presupuesto dispuesto para la película sino que eran hombres creativos, hombres que amaban el cine y que conocían a la perfección todo lo referente a su oficio: la producción de películas, esto es la interpretación, la dirección, los decorados, la fotografía…que consistía en crear esa seductoras imágenes en movimiento que atraparon a varias generaciones de espectadores haciéndolos partícipes del cine como espectáculo inseparablemente ligado a la cultura popular. * Podría ser una historia más sacada de la prensa rosa de la época, pero la sutileza de Minnelli, su capacidad para engarzar una escena con otra sin poner demasiado énfasis en los sentimientos de los personajes muestran su maestría para el melodrama, y es que en una especie de juego sin fin descubrimos cómo a través de unas imágenes en movimiento se crean esas otras imágenes que constituirán la película, desde este punto vista The Bad and The Beautiful es posiblemente la película que mejor ha reflejado ese Hollywood clásico. En una deliciosa escena vemos como Rosemary Bartlow (Gloria Grahame) la mujer de James Lee Bartlow llega con éste a Hollywood, allí ve cómo Georgia Lorrison está tomando el sol, una más de esas autorreferencias que tiene la película…el mundo del cine y el mundo real se mezclan y se confunden a lo largo de toda la película. Documento ficcionado de una época y reflexión sobre el lado oscuro del éxito, sobre las ambiciones insatisfechas, sobre la fragilidad de los sentimientos, sobre la soledad y sobre el peso maligno de ciertas herencias familiares en el ámbito del carácter… Incisiva, brillante y mordaz, una obra descomunal en todos los sentidos… Unos actores que se creen lo que interpretan y que asumen con gran fuerza sus personajes que son como arquetipos arrugados por el paso del tiempo y de la fama, mas no sólo eso, ya que su complejidad y egoísmo es tal que Minnelli opta por no juzgarlos, simplemente nos muestran sus acciones y somos nosotros los espectadores los que tomaremos partido. Película fundamental dentro de la Historia del cine, que hace disfrutar a los espectadores sin olvidar esa carga crítica hacia un mundo brillante pero hipócrita a la vez y que muestra los problemas y los traumas de la adicción a la popularidad. Minnelli conocía muy bien ese mundo pues siempre formó parte de él.

Gloria Grahame, excepcional dama del cine negro clásico, premiada con un Oscar como Mejor actriz de reparto por ''Cautivos del mal''.

lunes, 10 de agosto de 2015

Jean Harlow, la sensual rubia platino

 ''Me trataban como si fuese una perra en celo''. Jean Harlow.



 Jean Harlow podría ser perfectamente una de las precursoras de Marilyn Monroe, por su actitud desenhibida, sensualidad, rubia cabellera y curvilínea figura -de hecho, la tentación rubia estuvo a punto de interpretarla en un biopic, debido principalmente a que Monroe consideraba a Harlow uno de sus ídolos-, al igual que ella, más reconocida por su físico que por sus cualidades interpretativas. Fue una actriz que vivió intensamente toda su breve existencia, uno de los símbolos sexuales de los años 30. Era considerada una de las intérpretes más osadas de la era pre-code de Hollywood, en la cual, solía interpretar a una vampiresa -para ella, en la vida real, el sexo era algo totalmente natural, se consideraba vox populi su colección de amantes y por consiguiente, su feroz apetito sexual-, escandalizaba a las mentes más conservadoras de América y excitaba a gran parte del público masculino de la época. Posteriormente a 1934 -en Julio de ese mismo año, se instauraría un nuevo código de censura, denominado Código Hays, que controlaba lo que se podía enseñar o no en una película-, pasaría a interpretar a la rubia ingenua o de pocas luces. Harlow era junto a Mae West y Norma Shearer, una de las estrellas que más molestaban y escandalizaban a la Liga por la Decencia, los papeles inmorales de las tres, les hicieron poner el grito en el cielo. Fue una de las pocas actrices de la época, que cambiando su perfil de chica mala a chica buena -y el color del pelo, de rubio a moreno- seguía resultando creíble y gozando de éxito.



Jean Harlow murió demasiado pronto -a los 26 años en 1937- como para demostrar su verdadera valía interpretativa -aunque personalmente, opino que mostró algunos atisbos de buen hacer interpretativo y sin duda, tenía carisma-, supuestamente se ponía en tela de juicio, si obtenía sus papeles por sus artes amatorias o por su gran talento como actriz.

A los 19 años, Jean Harlow era una prometedora estrella y a los 26 años, tras su muerte, se convirtió en una auténtica leyenda. Trabajó con los más grandes, como James Stewart, Spencer Tracy, James Cagney, William Powell o Clark Gable -con éste se llegó a afirmar que tuvo un romance y que ni él, era capaz de satisfacerla en la alcoba-. Era tremendamente natural en la pantalla, combinaba sofisticación con dosis de humor. Personificó el sexo en una época extremadamente pudorosa y recatada, una adelantada a su tiempo, sin duda. Se la acusaba de ser tan vulgar como los papeles que interpretaba, pero contrariamente a lo que algunos creían, la realidad era bien distinta. Intentaba constantemente rebelarse contra la imagen indecente y frívola que proyectaba en pantalla.

Provenía de una familia de fuertes convicciones religiosas, acomodada y respetada por la sociedad. De nombre real Harlean Carpenter, nació en 1911 en Kansas City, Missouri. Adoptó el nombre de soltera de su madre, Jean Harlow, como nombre artístico. Su progenitora de fuerte carácter y obsesionada con su hija, se divorció del padre de la actriz -un dentista de afable personalidad- en 1922. Harlean y su madre, se marcharon a Hollywood, tras matricularla en un colegio para señoritas, su madre probó suerte como actriz, pero no consiguió ningún papel y decidió regresar con su hija a Kansas City. En 1926, ambas se enamoraron. La hija se enamoró de un millonario playboy de 20 años, Charles Fremont McGrew II, dejó el colegio y se casó con él, cuando contaba con 16 años. En 1928, los recién casados regresaron a California y compraron una mansión en Beverly Hills. Pero esa vida de lujos, aburría a Harlean y deseaba encontrar algo más con lo que entretenerse. Debutó en el cine por una apuesta, sus amigos la desafiaron a ver si lograba conseguir un papel en una película. Hizo un casting y se inscribió con el nombre de su madre, acto seguido, logró un papel como extra pero en ese momento no le interesaba. Cuando su madre, se enteró del asunto, la animó a convertirse en actriz. Comenzó haciendo pequeños papeles, con Laurel y Hardy, por ejemplo. Su marido no estaba de acuerdo con que trabajara, pero la ambición y el poder que la madre de Harlean ejercía sobre su hija, terminaron destruyendo el matrimonio. Finalmente, se divorciaría a los 18 años.


Su primer papel hablado fue ''La chica de la noche del sábado'' -que estuvo protagonizado por una diva de los años 20, Clara Bow-, recitando unas pocas líneas insignificantes. Su siguiente papel, el de ''Los ángeles del infierno'' -dirigida por uno de sus amantes, Howard Hughes- fue un papel clave en su filmografía, dado que sería la película que la lanzaría al estrellato. Hughes buscaba una actriz inexperta y que trabajara por poco dinero -aunque la película, se terminó convirtiendo en una de las más costosas de la Historia del Cine-, dio con Jean Harlow y le pagó 100 dólares por semana y le ofreció un contrato por cinco años.

Su imagen de rubia platino, se convirtió en una moda y ella se hizo mundialmente conocida, con 19 años era una estrella emergente con un impresionante poder sexual. Una estrella a la vieja usanza, pero con un look y personalidad escénica poco comúnes y muy atrevidos para los años 30. Hughes sacó mucho rendimiento de su éxito, incluyendola en todas las películas posibles. El magnate ganó muchos millones gracias a Jean Harlow, pero la estrella percibió poco dinero.

Jean Harlow era consciente de sus limitaciones o carencias interpretativas. Sus primeras y penosas interpretaciones, era motivo de burlas. En 1931, el Estudio le dio la patada a Harlow, ella asumiendo su fracaso, le aseguró a su agente, que trabajaría en una tienda. Con la llegada de la Gran Depresión, Harlow fue fichada por la Metro, su salvador fue el productor Paul Bern -la MGM tenía la fama de convertir a desconocidos en estrellas y Bern era el responsable del lanzamiento de míticas luminarias como Joan Crawford, Greta Garbo y Norma Shearer- que le dio un papel en ''La bestia de la ciudad'', su interpretación dejó huella por su descaro y buen hacer, pero aún así, no le proporcionó nuevos grandes papeles. Bern quería que Louis B. Mayer comprara el contrato de Harlow con Hughes, pero éste se negó, ya que consideraba a Harlow demasiado vulgar y las estrellas que solía representar, eran unas señoras, tenían clase. Pero al poco tiempo, se demostró que Harlow cautivaba al público y se había transformado en una estrella mediática, especialmente debido a una gira que realizó por la Costa Este, en la cual, se agotaron todas las entradas. Mayer terminó cediendo. La MGM adquirió a Jean Harlow y suavizó su estilo. Bern confiaba fuertemente en su potencial y la recomendó para ''La pelirroja''. Al principio, Harlow no estaba satisfecha con el guión, dado que ya había interpretado a mujeres de dudosa reputación y en esta ocasión se acostaba con cinco actores, a Harlow le preocupaba su imagen pero Bern le aconsejó acertadamente, que interpretara su papel de secretaria come-hombres con un toque cómico -según él, Harlow poseía una extraña cualidad, que transformaba el sexo en algo cómico-.

Jean Harlow, ostentaba una imagen de mujer frívola y descarada, pero en su vida personal, parece ser, que era una ama de casa muy tradicional (aunque existen voces discordantes que le atribuyen una fama de fémina insaciable, supongo que al fin y al cabo, su obra y su vida íntima se han mezclado tanto a lo largo de los años, que resulta complicado discernir donde empieza una y termina la otra). Vivía el cine como una afición, no como una pasión. Deseaba fervientemente, dejar el cine y encontrar al hombre de su vida. En Paul Bern, halló a un nuevo amor y posteriormente, se convirtió en su nuevo marido. En 1932, se pegaría un tiro, era un hombre muy depresivo y que vivía bajo el perjudicial influjo de su ex-mujer, una persona inestable que estaba obsesionada con él y la noche de su muerte, lo visitó. Irónicamente, Harlow interpretaría en ''La indómita'' a una actriz, cuyo marido se había suicidado, el Estudio la manipulaba y terminó aceptando el papel.

''Tierra de pasión'' con Jean Harlow y Clark Gable.


Gracias a ''Tierra de pasión'' con Clark Gable cambió radicalmente la opinión de los críticos -antes consideraban que se interpretaba a sí misma- y reconocieron que realmente sabía actuar, su interpretación resulta conmovedora y picante.

Para mantener su figura, se sometió a estrictas dietas, sufría continuas alergias causadas por el maquillaje y trabajaba cerca de 20 horas todas las semanas. Detestaba a todos aquellos que no sabían diferenciar su vida privada de sus papeles. Jean Harlow, no era la típica rubia tonta, realmente era una ávida lectora. Terminó su carrera, interpretando papeles de chica buena, que supuestamente, se asemejaban más a su verdadera personalidad más allá de las cámaras.

En 1934, se enamoraría del elegante y encantador William Powell, en él, vio una especie de figura paternal -de hecho, su verdadero padre era similar a Powell y ella llamaba a su nueva conquista, Papi-.  En ''Una mujer difamada'' Harlow y William Powell realizaron memorables interpretaciones. Su sexta colaboración con Clark Gable en ''Saratoga'', sería su última película. Su enfermedad empezó como una gripe pero terminó derivando en uremia.

El 19 de mayo de 1937, en el set de ''Saratoga'', Harlow se desvaneció y recibió atención médica a pesar de las creencias religiosas de su madre, pero su estado empeoró. Fue hospitalizada el 6 de junio, Harlow, desgraciadamente, falleció a la mañana siguiente. Su muerte, dejó desolado a William Powell. Jean Harlow fue enterrada con el salto de cama que lucía en ''Saratoga'' -la película estuvo a punto de no estrenarse, pero los fans lo impidieron, se convirtió en la más rentable de toda la carrera de Harlow-. Su entierro fue uno de los más multitudinarios, parecía una superproducción. La intensa vida, fulgurante trayectoria y pícara belleza de Jean Harlow, la convirtieron en una actriz inmortal, a pesar de su repentino y trágico desenlace.        

Pier Angeli, la italiana que enamoró al icónico James Dean



  La mujer en la industria cinematográfica -extrapolable a muchas disciplinas profesionales, en realidad- siempre ha tenido las cosas más difíciles que un hombre, y más, en Hollywood donde se les exige una apariencia física eternamente agraciada y lozana -esto ha sido así de toda la vida, en el cine clásico americano, muchas divas se retiraban antes de envejecer de manera bastante notoria, ante el temor de perder su brillo a ojos del público y de la industria-. Hollywood no ansía realidad, si no, una perpetua imagen de belleza y juventud fácilmente rentable. Este hecho en el cine reciente se ha agudizado todavía más. A las intérpretes femeninas a partir de los 40 se las arrincona, pocas son las que pueden continuar haciendo buenos papeles protagonistas o secundarios en el Séptimo Arte en una etapa madura, muchas se refugian en la televisión o en el cine de otras latitudes -Kristin Scott-Thomas en el cine galo o Jessica Lange en la serie ''American Horror Story'', por poner solamente dos ejemplos-. El sexismo en el mundo del cine es una triste realidad, que podría llevarnos a un debate en esencia algo trillado, pero también estimulante y en permanente actualidad. En definitiva, las actrices siempre han estado más presionadas que los actores, ya no sólo en términos interpretativos, si no que se les pide más en terrenos superficiales, como el aspecto físico. Pier Angeli con el transcurrir de los años -y unido a su inestabilidad emocional- fue notando el peso de una industria en permanente búsqueda de carne fresca, hecho que dificultaba obtener muchos papeles de enjundia.


Anna María Pierangeli -1932-1971- fue una actriz italiana, que creció bajo la perjudicial influencia de una progenitora dictatorial y tradicional que no le permitió llevar su vida con total libertad. Su existencia estuvo también marcada por un amor frustrado, un romance difícil de juventud que mantuvo con el malogrado James Dean, al cual, nunca olvidó -de hecho, cuenta la leyenda, que el actor tampoco se recuperó de perder su amor, falleció un año después de la ruptura con Angeli en 1955 por un accidente de coche y no volvió a tener una novia oficial que le dejara tanta huella a nivel emocional como Pier, muy probablemente el gran amor de su fulgurante vida-. El intenso affaire y posterior muerte prematura del rebelde con causa Jimmy, afectaron sobre manera a una vulnerable Angeli, que no volvería a encontrar la felicidad en el terreno amoroso pese a sus intentos -se casaría en dos ocasiones y sería madre de dos hijos-, los ecos de una relación sentimental marcada por la fatalidad, siempre resonarían durante toda su existencia.


Pier Angeli procedía de una familia católica de Sardinia -Italia-, tenía dos hermanas: una gemela, la también intérprete Marisa Pavan -ambas nacidas el 29 de junio de 1932- y Patrizia. A los 16 años, cuando Angeli estaba estudiando Arte en Roma, fue descubierta en la calle por el director Léonide Moguy, que la invitó a protagonizar la película ''Mañana será tarde'' de 1949, había nacido una estrella. Sorprendió tanto su interpretación, que ganó un premio en Italia como Mejor actriz y los ejecutivos de la Metro la ficharon, ofreciéndole un contrato con su Estudio. Estaban encantados con su belleza y sencillez.




En 1951, acomete su primer papel protagonista en Hollywood, ''Teresa'' del magistral Fred Zinnemann. Su poderosa y sentida actuación, la confirma como una joven promesa a tener muy en cuenta. A esta película, le siguieron ''The Devil Makes Three'' junto al mítico Gene Kelly y el musical ''Sombrero'' con Ricardo Montálban, Cyd Charisse, Vittorio Gassman e Yvonne de Carlo, de 1951 y 1953 respectivamente. Otros títulos destacados de su irregular filmografía fueron: ''Tres amores'' -considerado uno de sus mejores trabajos y donde compartió pantalla con Kirk Douglas con romance delante y detrás de las cámaras incluido-, ''Marcado por el odio'' -desgarradora y estupenda interpretación la que lleva a cabo, en la primera película de prestigio de un casi debutante Paul Newman-, ''Amargo silencio'', ''Sodoma y Gomorra'' y ''La Batalla de las Ardenas''.



Como actriz, Pier Angeli se caracterizó por retratar con maestría a personajes de mujeres frágiles y sensibles, en consonancia con su delicado y dulce físico. No era una belleza exuberante italiana como Sophia Loren ni intensa como la de Anna Magnani, si no que más bien, pertenecía al perfil de encantadora chica corriente. Menos rotunda, más angelical. Fue una intérprete que no gozó de demasiada suerte en su profesión -más allá, de unos pocos títulos realmente reseñables-, estuvo algo perdida y desaprovechada interpretativamente hablando, con pocas ocasiones de mostrar su enorme potencial. Rodó películas entre Europa y Estados Unidos, pero según fue envejeciendo, más le costaba hallar buenos papeles. Cerró su trayectoria con ''Octaman'' en 1971, la cual, es considerada la peor película de su carrera.





El romance con James Dean

"Pier es una chica extraña, la respeto. No me gustan la mayoría de las mujeres de Hollywood, pero ella es auténtica y real". James Dean.

“Él deseaba que lo amara incondicionalmente, pero Jimmy no era capaz de querer a alguien… fue un chico problemático que buscaba ser amado excesivamente. Amé a Jimmy más de lo que jamás he amado a nadie más en mi vida, pero no podía darle la enorme cantidad de amor que él necesitaba. Amar a Jimmy era algo que podía dejar vacío a cualquier persona.” -Pier Angeli-.

                                                    


Con James Dean siempre se ha especulado en lo relativo a su orientación sexual -muchos rumores apuntaban a su presunta homosexualidad, de hecho, algunos biógrafos suyos así lo afirmaban-, otras personas que lo conocieron en vida de manera cercana, defienden otra versión, como Dennis Hooper -compañero en ''Rebelde sin causa'' y ''Gigante''-. Lo cierto es que Jimmy fue una persona misteriosa  y compleja en el terreno afectivo, seguramente a causa de una complicada infancia y posterior adolescencia, con abusos sexuales de por medio -su amiga Elizabeth Taylor desveló, en unas declaraciones que se harían públicas después de su fallecimiento por expreso deseo suyo, que Dean había sido violado por un pastor en reiteradas ocasiones-.

En la época que en Pier Angeli se encontró por primera vez con Jimmy, estaba trabajando en una película que no resultó satisfactoria ni para los críticos ni para el recién llegado al cine Paul Newman -fue una cinta de la cual siempre se avergonzó- ''El cáliz de plata''. Corría el año 1954, un debutante James Dean filmaba en un set cercano su debut cinematográfico ''Al Este del Edén'', se aproximó al rodaje de ''El cáliz de plata'' para saludar a Newman y a otro amigo, ambos le presentaron a Pier Angeli. Fue un encuentro que cambió sus vidas para siempre, ya que aunque su romance fue bastante breve, era una relación especial, de gran intensidad y comprensión mutua. James Dean se encontraba en una situación profesional similar a la de Pier, los dos estaban iniciando su carrera en Hollywood. La atracción física fue inmediata. Parece ser, que eran polos opuestos que se complementaban, Pier era una joven tranquila y conformista, Dean por el contrario, era un chico rebelde y salvaje. Poco a poco, la relación se fue afianzando, y la influencia directa de Pier benefició a la personalidad de Dean, volviéndole más amable y abierto en el trato y además aportándole estabilidad a nivel sentimental. Y James, le insufló emoción y diversión a la vida de Angeli.


“Éramos como Romeo y Julieta, juntos e inseparables. A veces, nos amábamos tanto, que simplemente, queríamos caminar cogidos de la mano cerca del mar, porque sabíamos que estaríamos juntos para siempre.
No pretendíamos suicidarnos. Amábamos nuestra vida y simplemente, queríamos estar cerca el uno del otro para toda la eternidad. ”- Pier Angeli.
 

Lo que aparentaba ser un romance idílico, se topó con la oposición de la controladora madre de Pier Angeli, la cual, no aceptaba como pretendiente de su hija a Dean, por no ser católico y ostentar fama de rebelde -meses antes de Dean, Angeli había tenido un breve idilio con Kirk Douglas, que tampoco era visto con buenos ojos-. Obligó a su hija a dejar la relación e incluso intentó que la Warner los separara. Pier profundamente enamorada de Jimmy, no admitió el ultimátum de su progenitora y abandonó el hogar para casarse con Dean. Pero este último no estaba convencido de dar ese importante paso -deseaba esperar a que se asentara su carrera y después tomar una decisión-, Angeli interpretó que si tantas dudas albergaba sobre este matrimonio, es que realmente no la amaba. A partir de la indecisión de Dean, la relación se fue enfriando cada vez más. Y Angeli terminó por ceder a los anhelos de su madre, casándose con un hombre serio y católico. Vic Damone era un joven cantante que Pier conoció durante un rodaje en Alemania tres años antes, una estrella emergente de la Metro en ese momento. James Dean quedó desolado y con el corazón roto debido a la ruptura y posterior enlace de Pier con Damone. Se asegura que asistió a la boda eclesiástica de Pier con Damone, esperando fuera a que los novios salieran, haciendo ruido con el motor de su motocicleta y llorando bajo la lluvia. Se aceleró la ceremonia para evitar cualquier imprevisto. Siguió manteniendo un contacto regular con ella, ya que la extrañaba mucho, hasta que Pier se quedó embarazada de su primer hijo Perry.






Pier Angeli falleció el 10 de Septiembre de 1971 a los 39 años, debido a una sobredosis de barbitúricos. Tremendamente deprimida, arruinada económicamente y con una carrera interpretativa hundida, en una carta que le dejó a un amigo antes de su muerte, confesaba su amor eterno al legendario James Dean: ''Mi amor murió al volante de un Porsche. Hace 17 años que he estado sola, desesperadamente sola. Quiero encontrar la paz y ser libre para estar finalmente con Jimmy y mi padre de nuevo''.

domingo, 22 de marzo de 2015

James Cagney, mafioso con alma de bailarín


''No quiero ser conocido solamente por un tipo de papel. Intento actuar en muchos papeles diferentes''. James Cagney.


 Los verdaderamente grandes actores son capaces de acoplarse a cualquier tipo de papel, James Cagney fue uno de esos intérpretes todoterreno que bordaban cualquier personaje y lo hacían completamente suyo. Cagney fue un actor de carácter y de singular trayectoria, puesto que, sin ninguna duda, era un intérprete de contrastes (por su mirada turbia y por su rostro de facciones duras, encajaba en el perfil de gangster a las mil maravillas pero en su carrera, también mostró una vertiente mucho más cómica y luminosa, Cagney, de hecho, siempre se consideró cantante y bailarín antes que actor). Esa dualidad interpretativa, constituye uno de los aspectos más interesantes de su labor como actor, poseía una asombrosa capacidad para mimetizarse con cualquier papel, nada se le resistía. No era intérprete por vocación, simplemente, veía la actuación como un empleo más, se sentía más cómodo en su faceta de cantante-bailarín. James Cagney (aunque diera la impresión de estar hecho para roles de mafioso), disfrutaba más, cuando en la gran pantalla, podía dar rienda suelta a sus notables dotes de bailarín (de hecho, aún en sus cintas noir, intentaba realizar sus peleas de manera coreográfica).

En su época, debido principalmente a su perfil de tipo duro cinematográfico, rivalizaba directamente con Bogart, Spencer Tracy o Edward G. Robinson por los favores del público. Curiosamente, con Bogart coincidió en dos ocasiones (en ''Ángeles con caras sucias'' y en ''Los violentos años veinte'') y mantuvieron una relación poco amistosa, surgiendo algún que otro pique sin importancia entre ambos.

James Cagney y Jean Harlow en ''El enemigo público''.


Un actor explosivo y certero en cualquier registro. Su reducida estatura, no era un obstáculo, para ser enorme en la gran pantalla (intérprete camaleónico, insuflaba a sus películas, mucha fuerza, carisma y energía, siendo uno de los actores con mayor personalidad de la Historia del Cine).
Popularmente es conocido como uno de los tipos duros por antonomasia del cine clásico de Hollywood pero era tan bueno en su oficio, que resulta verosímil, en el extremo opuesto, en personajes más afables o bonachones, sin chirriar en ningún momento.

''No era un tipo a lo Gene Kelly. Era pequeño y belicoso... Nadie pensaba que fuera un bailarín. El rol de gangster le iba como anillo al dedo. Y él no cambiaría eso''. Virginia Mayo.     

Criado en Yorkville (uno de los barrios más conflictivos del Nueva York de principios del siglo XX) pero de origen irlandés ("de donde yo vengo, si puedes ganar un dólar no haces preguntas, simplemente vas y lo haces", solía decir). James tuvo una infancia difícil, donde fue testigo del alcoholismo y ludopatía de su progenitor. Segundo de cinco hermanos, con 9 años, su padre empezó a mandarle al bar a comprar botellas de whisky. Lógicamente, ante esta trágica situación, su madre Carolyn, fue quien se hizo más cargo de sus hijos. Cagney desde su juventud, fue un ferviente defensor de las causas justas (actitud loable y combativa que mantendría también en su madurez, llegando incluso a ser acusado falsamente de comunista), granjeándose muchos problemas y peleas por defender sus ideales (en una ocasión, se hizo amigo de un chico problemático que, años más tarde, acabaría en un hospital para dementes, el bueno de Cagney intentó ayudarle, mandándole ropa pero no le llegó nada, debido a que la policía se quedó todo).



En 1918 cuando estaba estudiando Arte en la Universidad de Columbia, su padre fallece. A partir de este trágico suceso, Jimmy se ve obligado a dejar la carrera para ayudar a mantener económicamente a su familia, desempeñando todo tipo de pequeños trabajos antes de debutar en el mundo del espectáculo, como decorador. De ahí, saltó rápidamente a la interpretación, su primer papel en el mundo del vodevil, fue dando vida a un personaje afeminado.
Meses después, Cagney conocería a Frances Vernon, la que acabaría siendo su única esposa, se casaron en 1922 y estuvieron juntos hasta la muerte del actor en marzo de 1986, debido a un ataque al corazón. Frances Vernon fue decisiva en la carrera cinematográfica de James Cagney, el mítico actor estaba hastiado del teatro debido al poco dinero que ganaba con él, a causa a ello, se veían obligados a dormir en hostales de mala muerte, y fue ella, la que confió fuertemente en sus aptitudes artísticas y le animó a que no se rindiera, ya que estaba segura de que terminaría siendo una estrella. Vernon, fumadora empedernida, enseñó a Cagney a fumar para las películas sin tragar el humo, ya que Jimmy no tenía el vicio de fumar en la vida real. Jimmy daba una imagen de persona extrovertida e ingeniosa en pantalla, pero en la vida real, según aseguran sus íntimos, era un ser más reservado aunque tenía un estupendo sentido del humor. Le encantaba leer y le gustaba muy poco socializar.



Tras protagonizar varias comedias musicales junto al amor de su vida Frances Vernon, Cagney empieza a despuntar en Hollywood en 1930, a la par que las películas sonoras. Firmó un contrato de larga duración con Warner Bros (al mismo tiempo, que otros actores legendarios como Bette Davis y Edward G. Robinson), y después de una serie de papeles sin sustancia, en 1931 llegaría su gran oportunidad con la sólida y contundente ''El enemigo público'', en la cual, su interpretación fue muy notable y empezó a perfilarse como el tipo duro del Hollywood dorado. Tras este éxito, todo fue sobre ruedas en la carrera de permanente ascensión de Cagney, en la cual, se alternaban con pasmosa facilidad, roles y géneros antagónicos, desde dramas o comedias pasando por westerns o adaptaciones de William Shakespeare. Cagney era una bestia interpretativa que brillaba en cualquier registro, era mucho más que el gangster eterno (de hecho, fue un intérprete muy completo, dotado no solamente para la interpretación, si no también para el canto y el baile), la Warner no supo explotar su potencial musical. Cuando aterrizó en esta poderosa productora -para la cual, trabajaría en multitud de ocasiones-, Jack Warner le hizo rellenar un cuestionario, Cagney anotó dos cosas que podrían considerarse toda una declaración de intenciones: le molestaban sobre manera, las tonterías y las preguntas bobas. Y como razón para querer actuar, simplemente se limitó a responder, que tenía necesidad de encontrar un empleo y aseguró que no buscaba el estrellato.

James Cagney y Olivia de Havilland en ''La pelirroja''.

Debido a su estatura, en los inicios de su carrera, le costó encontrar su hueco. La Warner a modo de prueba, le ofreció al principio, un contrato de tres semanas destinado a papeles secundarios. Jack Warner terminaría dándose cuenta enseguida que Cagney tenía talento, debido a ello, le ofreció finalmente un contrato de larga duración. A lo largo de su carrera, Cagney tuvo varios encontronazos con la Warner (con idas y venidas incluidas, se marchó y volvió a lo largo de los años, llegó incluso, a montárselo en solitario creando la Cagney Production, que tras rodar tres filmes, terminaría cerrando), principalmente, por sus lógicas exigencias de mejor salario (empezó cobrando solamente 400 dólares por semana pero a medida que sus éxitos para esta compañía se fueron amontonando, la cifra fue creciendo de manera considerable) y mejores roles. Se convirtió en uno de los actores mejor pagados de Estados Unidos. Cagney no fue la única estrella que tuvo desavenencias con Jack Warner, otros nombres ilustres del celuloide clásico americano, actrices con agallas como Bette Davis u Olivia de Havilland, se enfrentaron a él, reclamando lo mismo que Cagney, un mejor salario y mejores papeles. Cagney también tuvo sus desencuentros con algunos directores, con Michael Curtiz (aunque era algo habitual que los actores no conectaran con este cineasta, ostentaba la mala fama de no saber tratarlos) y con Billy Wilder por lo metódico que era.



Cagney durante toda su vida, luchó contra la pobreza, las injusticias (por ejemplo, dando dinero para apoyar las huelgas de campesinos y mineros o también donándolo de su propio bolsillo para echar una mano a unos jóvenes negros que habían sido acusados falsamente de violación) y contra el sistema de estudios y la Warner Bros en particular -''Nos sacaban todo lo que podían, días de rodaje de diez o doce horas. Trabajábamos los sábados de 8 de la mañana hasta el amanecer, llegando a un punto de extenuación en que ya no podíamos ver''-. Debido a la explotación de los estudios que solían tratar a los actores como esclavos, Cagney fundó junto a otros compañeros de profesión, un gremio de actores. Cagney en octubre de 1933 fue escogido como el primer vicepresidente. En seis semanas, el sindicato creció a 4.000 miembros y los Estudios se vieron obligados a mejorar las antiguamente abusivas condiciones de trabajo. En definitiva, James Cagney fue toda una personalidad tanto dentro como fuera de la pantalla.

30 años después de empezar su carrera cinematográfica, Cagney abandonó el cine, debido, en gran medida, al rodaje tan intenso de ''Uno, dos, tres''. La edad empezaba a pasar factura, no solamente a nivel de cansancio físico, si no también, a lo que la memoria se refiere, le costaba recordar sus diálogos. ''Me gusta actuar. A Jimmy no. Pero fue una bendición para él. Le dio la posibilidad y los medios de desarrollar otros intereses. Le gustaba escribir y pintar. Y adoraba los caballos. Vivió la vida que quiso vivir gracias a la interpretación'' -Jack Lemmon-.

En 1974, reapareció públicamente para asistir a un homenaje que le concedía el American Film Institute. Poco después de este acto, caería enfermo, y sólo rodaría dos películas antes de morir en 1986.




TÍTULOS DESTACADOS

''Al rojo vivo''
''Uno, dos, tres''
''El enemigo público''
''Ángeles con caras sucias''
''Los violentos años veinte''
''Yanki Dandy'' (Oscar al mejor actor)
''El hombre de las mil caras''
''Ámame o déjame''
''La pelirroja''
''Ciudad de Conquista''

sábado, 21 de marzo de 2015

Claudette Colbert, reina de la comedia romántica clásica (I)

 INTRODUCCIÓN

   Por Alba Mirás.


"Actuar es algo para lo que naces. Lo tienes o no lo tienes". Claudette Colbert.


 La comedia actual, ha perdido (en gran medida) la solidez, originalidad y clase, de las que hacían gala, las cintas de este género del Hollywood dorado. El humor en las últimas décadas, ha evolucionado, en muchos casos, hacia una vertiente más soez, agresiva y facilona, muy alejada del estilo refinado, inteligente y sutil de las mejores comedias clásicas. La comedia moderna, vive un evidente estancamiento, ante el agotamiento de fórmulas, la inclinación del público mayoritario hacia una comedia de trazo grueso y la necesidad de buenos directores especializados en el género. Lógicamente, los gustos cinematográficos han cambiado, pero la calidad siempre debería de prevalecer, adaptándose a su vez, a las demandas de los nuevos tiempos. El añejo cine de Hollywood era rico en maestros de la alta comedia, como Ernst Lubitsch, Frank Capra, Preston Sturges, Gregory La Cava, George Cukor o Billy Wilder, etc. Sé que es un tópico aquello de que ''el cine de antes era mejor'', pero según descubro más filmes clásicos, tengo más claro que, en tiempos pasados, se realizaban buenas películas con más frecuencia y se arriesgaba más, en mi opinión, el cine americano actual (sin contar, el cine independiente, que sí lo veo, en un buen estado de forma) está en decadencia, volviendo a esa tendencia del cine dorado de Hollywood, de adoptar talento foráneo con éxito, como queda patente, en el hecho de que los últimos 5 ganadores del Oscar al Mejor director no son norteamericanos.


En la época del cine dorado americano, se hallaban gloriosas actrices cómicas (que en muchos casos, saltaban a roles más dramáticos con admirable credibilidad), grandes damas llenas de talento y carisma como Claudette Colbert, Jean Arthur, Irene Dunne, Carole Lombard, Myrna Loy, Rosalind Russell o Katharine Hepburn, etc.


Instintiva, pícara, moderna para su época, risueña, talentosa, versátil, habitualmente afinada... Claudette Colbert, de origen francés, es una de las actrices más destacables de la mejor comedia clásica americana. Esas old comedies sofisticadas, encantadoras e ingeniosas, que son mágicas e indelebles.

Claudette Colbert desprendía luminosidad, encanto especial y elegancia innata en pantalla. Su picardía, mordacidad y naturalidad, la hacían única e idónea para todo tipo de comedias, desde las más enloquecidas de Preston Sturges por ejemplo, hasta las comedias románticas de estructura más clásica. Aunque se especializó en el género cómico, sus pocas frecuentes incursiones en películas de calado más serio o profundo, también son memorables, a destacar especialmente, sus magníficos trabajos en ''Desde que te fuiste'', ''Tempestad en la cumbre'', ''Pacto tenebroso'', ''Regresaron tres'' o ''Imitación de la vida''. Dotada de una vis cómica maravillosa, también se manejaba con admirable solidez y soltura en melodramas o dramas, demostrando así, una gran versatilidad. Su rostro entre risueño y ladino, le permitía jugar con sus registros y resultar creíble en todo tipo de personajes. Colbert, es sin duda, una actriz que hechiza y engancha a los verdaderos cinéfilos. Poseía la cualidad más esencial (además de talento) para la comedia: un carisma arrollador, un rasgo interpretativo muy característico suyo, que facilitaba simpatizar con sus roles y creértelos. La considero, la intérprete ideal, para cuando te apetece desconectar de tu rutina diaria, ver una de las deliciosas comedias (que se encuentran con facilidad en su filmografía) protagonizadas por ella, supone un intenso rato de auténtica alegría, que le sube el ánimo a cualquier espectador mínimamente receptivo.

La grandeza interpretativa de Colbert no reside solamente en ser una de las intérpretes cómicas más excepcionales y genuinas que ha dado el cine, si no también, otro factor de vital importancia, es su probada polivalencia, escogió ir más allá y no acomodarse en exceso en un género que domina, dando muestras de que era una actriz dramática muy potente. Claudette Colbert, una actriz siempre afinada, que no desentona en ningún registro. Su voz (original) era suave, armoniosa y con personalidad (de esas voces que encandilan, con una sonoridad similar a la de Margaret Sullavan).

Claudette era una actriz única, que impulsó una imagen de mujer desinhibida, resabida e independiente. Su estilo interpretativo (especialmente, en cuanto a sus comedias, se refiere), era totalmente opuesto a la ñoñería o la mojigatería, podría decirse, que fue una adelantada a su tiempo, retratando en la gran pantalla, a personajes femeninos atrevidos, aguerridos y modernos para la época, que no eran seres dóciles al servicio de los hombres (ese perfil puritano de esposa amantísima, que el Código Hays, intentaba imponer a toda costa, cortándole las alas a la libertad individual de cada mujer). Una auténtica experta a la hora de introducir connotaciones sexuales o picantes en sus personajes, de manera tan natural, que la censura no se percataba.


Era hija de un banquero francés que se trasladó a Estados Unidos en 1906 desde Francia, cuando Claudette tan solo contaba con tres años. Desde el principio, fue una enamorada de las obras de Broadway y deseaba fervientemente debutar allí. En la adolescencia, completamente convencida de su vena artística, comenzaría a estudiar Arte Dramático, costearía sus lecciones trabajando en una tienda de ropa. En 1923, conseguiría por fin, debutar profesionalmente en las tablas, con la obra ''The Wild Wescotts'', decidió adoptar el apellido artístico de Colbert (su nombre real era Emilie Claudette Chauchoin). En el momento, en el cual, la Gran Depresión cerró la mayoría de teatros, Claudette inició su carrera cinematográfica. Su primera cinta fue la muda ''Los tres papás'' de 1927, a las órdenes del mítico Frank Capra, que curiosamente, resultaría ser un fiasco en taquilla. Al año siguiente, se redimiría, con el éxito de ''The Lady Lies'', al cual, se sucedieron otros tantos aciertos comerciales.

Ha trabajado con excelentes cineastas como Mitchell Leisen, Lubistch, DeMille, Frank Capra, Gregory La Cava, Douglas Sirk o John M. Stahl, etc. Sus compañeros actores destacan, su calidad humana -cálida, encantadora y positiva, son los calificativos que suelen repetirse con frecuencia- y su entrega máxima a la hora de interpretar.





''Imitación de la vida'' (John M. Stahl, 1934)
   Por Alba Mirás. 


John M. Stahl es considerado el precursor de Douglas Sirk (el realizador alemán, adaptaría, años después, algunas películas suyas bajo su personal prisma). Esta primera versión cinematográfica de ''Imitación a la vida'', resulta menos interesante y sugerente de la realizada en 1959 por Sirk, podría ser considerada como una especie de ensayo de la misma historia, aunque curiosamente, ambas siguen un desarrollo bastante diferente. Sirk supo dotarla de mayor profundidad, emotividad, riqueza en matices y mejores interpretaciones, aún así, aunque es menos lograda, Stahl realiza una película correcta, que cuenta con una buena interpretación de Colbert (siempre a la altura de las exigencias de cada papel).


 ''Sucedió una noche'' (Frank Capra, 1934)
    Por Alba Mirás. 


Frank Capra fue uno de los directores fundamentales de la mejor comedia clásica, apostó por realizar películas desde un prisma humanista (en constante exaltación de los buenos sentimientos), optimista y liviano. En sus tiempos, su humor generalmente bien intencionado (aunque, en cintas, como ''Caballero sin espada'' o ''Juan Nadie'' demostró una vertiente crítica sin concesiones) fue tachado de blandengue e ingenuo por la crítica especializada. Sin duda, fue un genio, dirigiendo con maestría, esas comedias vitalistas maravillosas e imprescindibles.

''Sucedió una noche'' es una screwball comedy ejemplar y deliciosa, funciona igual de bien como comedia, que en su intención de narrar una historia romántica tradicional. Posiblemente, mi película favorita de Claudette Colbert junto a ''Medianoche''. La actriz ganó su primer y único Oscar por su excepcional trabajo en esta preciosa e hilarante comedia romántica. ''Sucedió una noche'' es un milagro cinematográfico, una maravilla. Ni Capra, ni Colbert, ni tampoco Gable, confiaban en el éxito de la película, pero se terminó convirtiendo en una película imperecedera y en una de las mayores triunfadoras de los Oscar, consiguiendo los 5 premios principales (actor, director, actriz, guión y película).

Se rumoreaba que Colbert no mantuvo una buena relación con Frank Capra durante el rodaje.
Tan de improviso pillaron los Oscars recibidos, que Claudette Colbert estaba convencida de que no ganaba y que se lo llevaría Bette Davis, cuando sorpresivamente la informaron a última hora, de que tenía que ir a recogerlo, ella se encontraba a punto de coger un tren hacia Nueva York. Se preparó a marchas forzadas y el Oscar le fue entregado por la precoz estrella Shirley Temple. 


 ''Un marido rico'' (Preston Sturges, 1942)
        Por Belén Estrada.



Preston Sturges era un reconocido guionista que saltó a la dirección en 1940 y pronto encarriló tres títulos que hacen que su nombre brille en el mundo de la comedia. Comenzó escribiéndole a Barbara Stanwyck "Las tres noches de Eva" (Lady Eve, 1941), siguió con ese ensayo sobre el cine obligatorio llamado "Los viajes de Sullivan" (Sullivan´s travels, 1941) y lo culminó con "Un marido rico" (The Palm Beach Story, 1942).




Carole Lombard era la elegida para protagonizar esta película pero falleció en un trágico accidente de avión. La elegida para sustituirla es la mejor opción posible. Claudette Colbert domina esta clase de personajes y les da un toque único. Colbert siempre consiguió introducir un punto picante y sexual a sus personajes de forma tan natural que mantenía a la censura alejada. Para mantener a la censura alejada, también se decidió cambiar el título "Is marriage necessary?" (lo que se traduciría como "¿Es el matrimonio necesario?") por el definitivo "The Palm Beach Story". Y es imposible que no venga nuestra mente "The Philadelphia Story" (Historias de Filadelfia), película con la que tiene más de un punto en común.




Gerry Jeffers (Claudette Colbert) decide divorciarse de Tom Jeffers (Joel McCrea) por sus problemas económicos. Gerry está cansada de vivir sin lujos y no quiere adaptarse a la vida de una modesta ama de casa. Tom intenta vender una idea que les haga ricos pero fracasa constantemente. Así es como Gerry se embarca en la búsqueda de un marido rico que la colme de atenciones.






Joel McCrea pocas veces ha estado mejor que bajo las órdenes de Preston Sturges. Un actor físicamente perfecto para papeles de galán pero tremendamente falto de carisma. Tras "Los viajes de Sullivan" vuelve aquí a encontrar el tono perfecto para el personaje. Tom está enamorado de su mujer y no piensa dejarla tan fácilmente. Podemos ver a Claudette Colbert como una continuación de su personaje en la fabulosa "Medianoche" (Midnight, 1939). Es una mujer con un plan muy claro pero a la que le pueden traicionar las emociones. La actriz francesa está simplemente perfecta. Y personalmente creo que con Lombard estaríamos ante una película muy distinta. Colbert revoluciona a todos los hombres con los que se cruza en el film. La actriz sabe jugar con ello siendo aun así todo lo que se esperaba de una mujer de su clase y época. No olvidemos que el Código Hays estaba pendiente de todo.


El punto más débil está en los personajes secundarios. Rudy Vallee y Mary Astor son dos hermanos millonarios que parecen la presa perfecta. Y lo parece tanto que pierde emoción. El acaudalado Hackensacker es demasiado bonachón y simple. Verle como una amenaza es imposible, como víctima es perfecto. A su hermana le da todo tan igual que tampoco nos preocupa. Afortunadamente, Sturges resuelve rápidamente el tramo final.



Los dos nombres que cargan a sus espaldas con esta película son Preston Struges y Claudette Colbert. Como decía al principio, Sturges viene de una inercia espectacular. Gracias tanto al guión como a la dirección consigue que la historia se nos pase en un suspiro. Apenas parecen tres escenas y se acabó. Colbert es la que sabe llevar a la práctica el estilo de Sturges, que aquí hasta se pueden ver ínfulas del mejor Lubitsch.



''Desde que te fuiste'' (John Cromwell, 1944)

   Por Javi Leiva.


"Desde que te fuiste" fue un proyecto que David O. Selznick estuvo buscando durante meses con el cual mostrar su apoyo a la causa aliada durante la guerra. Su intención no era hacer una película bélica, sino enfocar las experiencias de esas familias que se quedaban en casa esperano al familiar. Esta basada en un libro de Margaret Buell Wilder que consiste en una serie de cartas que ella escribió mientras su marido estaba en la guerra. Trata sobre las dificultades que tuvo en mantener sola a dos hijas adolescentes así como a la soledad común a la cual han de enfrentarse mientras marido y padre está lejos. Es un melodrama que refleja la lucha en la guerra, pero la de las familias en el hogar que se enfrentaban a un futuro incierto y de constante preocupación por sus seres queridos y además, manteniendo su propio hogar como un santuario para el retorno de esos soldados, ya no solo para darles la bienvenida sino también para demostrarles que su lucha no había sido en vano. Selznick quiso darle un componente más épico a la película, realizando una revisión completa del libro, añadiendo más personajes y extendiendo los papeles de las hijas.


Selznick se esforzó mucho para completar un reparto que estuviera a la altura de la película que tenía en mente. Para el papel principal de Anne Hilton, quería a Claudette Colbert, la cual al principió rechazó el papel. Colbert había tenido mucho éxito en la comedia, ganando un Oscar por Sucedió una noche. Pero Selznick sabía que era ideal para el papel y finalmente la convenció para que fuera el corazón patiótrico de esa familia, la cabeza de familia que mantiene a todos unidos siendo valiente y vulnerable a la vez. Selznick hizo especial hincapié en reforzar a Jane, la hija mayor a quien da vida Jennifer Jones la cual se sentía un poco mayor para ese papel. Jane es una chica que va madurando mientras se desarrolla la película. Parte siendo una adolescente con muchos sueños en su cabeza, la cual caer rendida a los pies de un timorato y (tal vez en exceso) cándido Robert Walker. Curiosamente, ambos estaban casados en la vida real y se separaron durante la película. Aún así, sus escenas son las de más intensidad emotiva y las más remarcadas a lo largo de la película.

Shirley Temple fue convencida por Selznick y salió de su retiro de dos años para interpretar a la jovencísima Brig, la cual poco a poco sale de su rigidez absorbida por su personaje lleno de carisma y mucho afecto. Estos jovenes actores están rodeados de un gran elenco de actores veteranos. Joseph Cotten ofrece la presencia más simpática y encantadora como Toni, quien con sus pequeñas bromas da un carácter más distendido al ambiente de ese hogar. Hattie McDaniel es Fidelia, la criada, en un papel tópico para esta actriz pero que realiza como nadie. Monty Woolley es el irritable inquilino que se instala en casa de los Hilton. Su personaje es prácticamente el mismo que en "El hombre que vino a cenar" y que despierta enseguida nuestra antipatía hacia él y sus manias, aparte del trato que le dispensa a su nieto Billy (Robert Walker). Agnes Moorehead es la egocéntrica amiga de Anne, la cual se cree más patriótica que nadie por los actos benéficos que realiza. También hay que apuntar el breve cameo de Lionel Barrymore como el clérigo en la iglesia y su pequeño pero intenso discurso.

"Desde que te fuiste" tiene escenas memorables y perfectamente rodadas. La fotografía de Garmes Lee y Stanley Cortez es maravillosa y es usada muy hábilmente, combinando la luz y la oscuridad para evocar atmósferas muy conseguidas y en diferentes formas. En una escena en la cual Bill y Jane están el el porche, la oscuridad crea un ambiente íntimo con solo un escaso relieve de los actores. En otras escenas, Garmes y Cortez evocan sombras para transmitir un sentimiento de soledad y aislamiento, como cuando las parejas bailan en el hangar debilmente iluminado mientras sus sombras bailan con ellos como un presagio del dolor que ha de venir. Seguramente, las dos escenas más recordadas son en la estación de tren las cuales tienen un grado de emotividad muy grande, aparte de las expresionistas imagenes que aporta Cromwell, tanto en el romántico beso de la pareja con la estación de fondo como la sombra alargada de Jane cuando Bill ya se ha ido en el tren, subrayando su soledad.

Tampoco hay que olvidar la banda sonora de Max Steiner, muy notable, de hecho ganó el Oscar (el único que ganó la película de 8 nominaciones). "Desde que te fuiste" es una de las películas más finas de Selznick y de las más logradas por Cromwell, el cual rodaba los melodramas con gran soltura, como de hecho demuestra en esta película, uno de los grandes melodramas de los años 40.

martes, 3 de febrero de 2015

Off Classic Hollywood - John Cassavetes, el máximo exponente del cine independiente americano


''En ''Too Late Blues'', trabajé para un Estudio, y creo que no es lo mío. Es un sistema basado en los departamentos y sus jefes. No se me dan bien los jefes de departamento. No me preocupan sus problemas. Sólo los míos. Lo que aprendí de los grandes Estudios, es que no puedes complacerlos a ellos y a ti mismo a la vez. No volveré a hacer cine comercial. Si puedo, haré películas sin profesionales. Con gente que sueñe con una recompensa mayor. Gente que desee ser parte de una creación, aunque no sepa muy bien que es.''

John Cassavetes pertenece a una industria cinematográfica de Hollywood que, desde su génesis fue concebida como un engranaje perfecto destinado a la única finalidad de acumular dólares a mansalva, primando la comercialidad por encima de lo artístico, en la cual, la supervivencia de una voz propia se antojaba, en ocasiones, casi una utopía -debido principalmente al férreo control de cada Estudio-. Como toda industria que se precie, se ha ido adaptando a los tiempos y ha sufrido innumerables mutaciones y problemas -el paso del mudo al sonoro, los incansables intentos de colorear las películas con diversas técnicas visuales popularmente conocidas, la censura promovida principalmente por el Código Hays que afortunadamente sirvió para potenciar el ingenio y la audacia de los grandes creadores, la fiebre anticomunista de la era de McCarthy que dio lugar a la vergonzosa Caza de brujas que perseguía a los artistas acusados de ideas políticas subversivas, etc-. Por tanto, Cassavetes -nacido en Nueva York, pero de origen griego- creció en un ambiente, excesivamente preocupado en el rendimiento económico del cine y en cuestiones monetarias en general, poco familiarizado con un tipo de cine -del cual él, fue uno de sus pioneros, dentro de la cinematografía americana-, como es el de arte y ensayo. Obras intimistas y cercanas al documental debido a su realismo, que desde su concesión misma desafiaban las reglas más tradicionales del cine norteamericano -no eran superproducciones, no buscaban la espectacularidad, mantenían frecuentemente un tono introspectivo y decadente alejado de la luminosidad de otras propuestas, etc-, Cassavetes es una afortunada anomalía, que curiosamente, se convirtió en cineasta por casualidad y con la quijotesca idea de llegar a ser un nuevo Frank Capra, ya que en principio, estaba más interesado en la escritura cinematográfica que en la dirección: ''Cuando empecé a rodar películas, pretendía hacerlas del estilo de las de Frank Capra. Pero nunca he sido capaz de hacer algo similar a esas locas y vigorosas películas. Eres lo que eres.''

Hay en Cassavetes, una fuerte tendencia a explorar y profundizar en el universo femenino, aunque todos sus personajes suelen estar cuidadosamente trazados, da la impresión de que las mujeres ejercen una especial atracción en el Cassavetes cineasta, y casi siempre, termina otorgándoles una mayor relevancia en sus relatos cinematográficos, parece embelesado por sus conflictos, anhelos y temores. Se podría considerar perfectamente como un director de mujeres, posee y ha demostrado sabiduría y sensibilidad para crear retratos portentosos y verosímiles sobre un ser complejo -como es la mujer- de reflejar en la gran pantalla, sin caer en lugares comunes ni en perfiles estereotipados. Pese a ser la suya una visión parcial -desde la óptica masculina- siempre ha hecho gala de un gran respeto y comprensión hacia la figura femenina, se podría asegurar que a pesar del implacable realismo que aporta a sus criaturas, proyecta una incisiva mirada desde la ternura y la delicadeza, jamás sentando cátedra ni juzgándolas. Cassavetes, un autor magnífico, osado, indomable, cautivadoramente sensible, en permanente estado analítico de sus criaturas, profundamente humano.... En constante búsqueda de lo maravilloso y fascinante dentro del terreno de la cotidianidad.

El pasado 9 de Diciembre de 2014, John Cassavetes habría cumplido 85 años, se marchó demasiado pronto, pero dejó por el camino varias joyas, para deleite del cinéfilo amante del cine de autor -''Shadows'', ''Faces'', ''Una mujer bajo la influencia'', ''Así habla el amor'' o ''Noche de estreno''- y su legado artístico ha influido, de manera evidente, en cineastas independientes posteriores.
El nombre de John Cassavetes para el espectador medio, irremediablemente se asocia a su figura como actor -con ''La semilla del diablo'' y ''Doce del patíbulo'' a la cabeza- pero encuentro mucho más atractiva su faceta como autor, de importancia capital en la evolución del cine americano y precursor de ese magnífico grupo de cineastas que irrumpieron en los años 70 -Coppola, Spielberg, Scorsese, De Palma, George Lucas, Cimino, etc- dentro de un séptimo arte usamericano, que jamás volvería a ser igual, entrando en una etapa de modernidad muy sonada y necesaria. Estos creadores ante la crisis del Hollywood clásico, vieron como los estudios no imponían límites a su creatividad y les permitían el control en el montaje final de sus películas -privilegio poco frecuente en la etapa clásica, que se le concedía a muy pocos directores- .
Representante de un cine underground, que empezaba a asomar la cabeza dentro de la industria cinematográfica de los estudios de Hollywood. Cassavetes, de contundente espíritu outsider, utilizaba los generosos sueldos de actor de grandes producciones, para arriesgar y dejar su interesantísima impronta en obras de menor presupuesto pero de incalculable hondura y valía, en las que solía rodearse de un grupo de habituales en lo referente al reparto -Peter Falk, Gena Rowlands, Ben Gazzara, etc-. Fue un realizador que siempre abogó por mantener una personalidad única, por encima de presiones monetarias.

''En las últimas décadas, algo ocurrió con el Sueño Americano. No sé exactamente que pasó, no lo tengo muy claro. La confusión sustituyó al patriotismo. El intelecto al amor. Si algo no hace dinero, nadie está interesado en ello. Todo se vende. Las emociones se venden. El sexo vende. Todo es sexo. Los coches, las mujeres, la ropa, tu cara, tus manos, tus zapatos. Mira esos anuncios, en la televisión. Mis emociones no están en venta. Mis pensamientos no pueden ser comprados. Son míos. No quiero que las películas me vendan algo. No quiero que me digan como sentir.''


Debutó en 1959 con ''Shadows'', cinta experimental y que cuenta con actores amateurs. Interpretaciones completamente improvisadas, que fluyen de manera orgánica, Cassavetes impartía clases de actuación por aquel entonces, los intérpretes que protagonizan su película son alumnos suyos. Un debut que impresionó a cinéfilos irredentos -Scorsese es un gran apasionado de esta cinta, Cassavetes se convertiría en su mentor y amigo personal, inclusive llegarían a colaborar juntos, por ejemplo, Marty fue en sus inicios, montador de sonido de ''Así habla el amor''- pero que en un principio no contó con una gran acogida por parte del público mayoritario. ''Shadows'' hacía presagiar el talento y el futuro que se escondían en la osadía y entusiasmo de un debutante detrás de las cámaras, que inconfundiblemente estaba destinado a transgredir las normas establecidas, y terminar, coronándose como un grande de la cinematografía mundial.




John Cassavetes se forjó como cineasta en una época convulsa para Estados Unidos, no solamente a nivel social y político, si no también, en el ámbito cinematográfico -el cine de la edad dorada de Hollywood estaba agonizando, su decadencia se notaría especialmente con la imparable irrupción de la televisión a finales de los años 50, el séptimo arte intentó paliar las pérdidas económicas, ofreciendo a los espectadores experiencias más vividas e innovadoras en salas de cine, fomentando todavía más films-espectáculo, que invitaran a la gente a abandonar temporalmente su hogar y retornar al hábito de visionar películas de la manera más clásica-.

Cassavetes cambió el modelo cinematográfico establecido -su cine se caracterizó por la sobriedad tanto en el aspecto económico como en el narrativo-, se convirtió en un nombre clave de un cine indie americano todavía en ciernes, y por consiguiente, en uno de los mayores impulsores de lo que se podría denominar la ''Nueva Ola Americana'', bajo su perspectiva, el cine concebido como arte, se prostituía al entrar grandes cantidades de dinero en cada proyecto. Su obra bebía del naturalismo y densidad del Neorrealismo Italiano y de la libertad y riesgo de la Nouvelle Vague, era un admirador confeso de ambas corrientes artísticas europeas. Su musa, en la gran mayoría de sus películas, fue el gran amor de su vida, la maravillosa Gena Rowlands. Cassavetes filmó como nadie las complejidades, emociones y miserias del ser humano, sus cintas podrían interpretarse como una reinvención del melodrama de toda la vida, pero desde un prisma más íntimo, cotidiano y desprovisto de artificios formales.

 

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